HISTORIA DE LAS LITURGIAS ORIENTALES CATÓLICAS

 

 

SUMARIO

 

I.          Génesis y desarrollos.

II.       Época arcaica (siglos III-V):

1.  Rama siro-antioquena;

2.  Rama alejandrina.

III.    Fase de estructuración definitiva (del siglo V en adelante):

1.  Grupo siro-oriental;

2.  Grupo anticalcedoniano;

3.  Grupo calcedoniano.

IV.     Las familias de las anáforas.

V.        Descripción de los grupos particulares:

1.  La liturgia sino-oriental (llamada caldea);

2.  La liturgia siro-malabar;

3.  La liturgia siro-occidental;

4.  La liturgia maronita;

5.  La liturgia copta;

6.  La liturgia etíope;

7.  La liturgia armenia;

8.  La liturgia bizantina;

9.  La liturgia bizantina en Italia


I. GÉNESIS Y DESARROLLOS

Las liturgias de las iglesias orientales son designadas con frecuencia con el insatisfactorio término de rito, que comenzó a usarse en la iglesia romana para situar la multiplicidad y la licitud de las tradiciones litúrgicas orientales, en el sentido, frecuentemente limitativo, de aspecto ceremonial o uso peculiar. En realidad, es necesario acudir al primitivo conjunto de normas y tradiciones institucionales y culturales que forman la base de la vida de cada iglesia oriental en particular.

La génesis de estas liturgias debe buscarse en la ordenación patriarcal antigua. Éste es un fenómeno de condensación administrativa eclesiástica basada en las iglesias locales de los primeros siglos, que se centraliza primero en torno a un gran número de metrópolis y después en torno a un número más restringido de centros patriarcales. La cabeza de éstos se llama, dentro del imperio romano, patriarca (Alejandría, Antioquía, Constantinopla Jerusalén), fuera de él, katholikos (Seleucia-Ctesifonte para los siro-orientales, Armenia, Georgja). El sistema patriarcal es centralizador, y determina una unificación cada vez mayor en los campos legislativo y disciplinar. La autonomía patriarcal concierne a la creación de sedes episcopales, a la elección o traslado de los obispos, a la fijación de la vida litúrgica (Introducción de formularios y de fiestas, determinación de fechas y costumbres, reglas de ayuno, etc.), a la disciplina del clero, así como de los laicos.

La autonomía de las provincias eclesiásticas es la matriz de particularismos que explican el origen de las provincias litúrgicas. Sin embargo, el sistema patriarcal de los siglos IV y V no cubre exactamente el número de éstas, porque dentro de un mismo patriarcado ha habido regiones con una vida litúrgica muy particular e influyente, como en Éfeso o en Capadocia absorbidas después por la preponderante liturgia de Constantinopla. La iglesia de Jerusalén, convertida en patriarcado sólo después del concilio de Calcedonia (451), influyó en la liturgia de otras iglesias desde el siglo IV, cuando era todavía una iglesia local dependiente del metropolita de Cesares Marítima.

II. ÉPOCA ARCAICA (SIGLOS III-V)

Al principio podemos distinguir dos ramas litúrgicas principales, correspondientes a dos áreas geográficas bien distintas: rama siro-antioquena; rama alejandrina.

1. RAMA SIRO-ANTIOQUENA.

Abraza todas las regiones influidas históricamente por Antioquía, donde convergen elementos semíticos y helenísticos. Aquí distinguimos:

a)    la liturgia de Antioquía-Jerusalén;

b)    oriental siro-oriental en Mesopotamia -Persia;

c)     la liturgia asiático.

Los documentos que atestiguan el paso de la fase de transmisión oral a la escrita son muy limitados. Los más antiguos son la Didajé, la Traditio apostolica, las Constituciones Apostolorum, el Testamentum Domini y ciertas anáforas de tipo antioqueno, cuya redacción más antigua la poseemos sólo por las reconstrucciones de B. Botte, A. Raes y A. Tarby. Los testimonios patrísticos mas antiguos para la región antioqueno-jerosolimitana se encuentran en las catequesis bautismales de San Juan Crisóstomo, en las homilias catequéticas de Teodoro de Mopsuestia ,en el Itinerario de Egeria (cc. 29-45), en las catequesis bautismales y mistagógicas de san Cirilo de Jerusalén y en las homilías de Narsai.

Las lenguas litúrgicas son el griego, dominante en los territorios occidentales, en las ciudades, y el arameo usado en Siria y Mesopotamia, bajo el influjo de Edesa y Nísibe. Las Anáforas que pueden remontarse al siglo IV son sobrias tienen una estructura emparentada con la berakah hebrea, la doctrina cristológica está todavía débilmente desarrollada y pone de relieve sobre todo la misión del Logos, la historia de la salvación, la gloria divina y el pensamiento eclesiológico. Los códices antiguos que las conservan son muy posteriores a la fecha de composición. Todos estos documentos arcaicos contienen de forma diversificada numerosas informaciones sobre el año litúrgico, las fiestas, la jornada litúrgica, los oficios, la disciplina de los sacramentos y del ayuno, la catequesis y la jerarquía eclesiástica.

3. RAMA ALEJANDRINA.

Los documentos sobre la liturgia egipcia arcaica son mucho menos abundantes que los del ambiente antioqueno. Los padres alejandrinos parecen no prestar excesiva atención a los ritos litúrgicos, ocupándose principalmente de la doctrina. De ellos, sintomáticamente, no nos ha llegado literatura litúrgico-mistagógica. Aquí y allá se encuentran detalles sueltos sobre la orientación del bautismo y de la eucaristía, suficientes para mostrar su originalidad, y en los que se reconoce la extrema popularidad de que gozaba en Egipto la Traditio apostolica de Hipólito. Un manuscrito del Monte Athos, conocido con el nombre de Eucologio de Serapión de Thmuis, amigo de san Atanasio, es la única fuente para la liturgia alejandrina del siglo IV; junto a rasgos típicamente alejandrinos, se encuentran otros que no tienen lugares paralelos seguros en la tradición egipcia posterior. El papiro de Der Balizeh es el más importante de los raros restos eucológtcos egipcios. Escrito en el siglo VI, utiliza fuentes más antiguas, como Clemente, Hermas, Serapión y la Didajé, donde el famoso versículo sobre los trigos esparcidos presenta variaciones que transforman su sentido eclesiológico en sentido eucarístico. El texto de la anáfora contiene la doble epíclesis (petición de la consagración y epíclesis de comunión después de la narración de la institución), que es una constante específicamente alejandrina. El estilo y la elección de la eucología de esta obra tiene un cierto carácter de libertad y resulta una muestra del origen heterogéneo de los fragmentos.

III. FASE DE ESTRUCTURACIÓN DEFINITIVA (DEL SIGLO V EN ADELANTE)

Las familias litúrgicas orientales se fueron formando sobre la organización territorial de la iglesia antigua, calcada en la civil y política, y enriquecida con la aportación de las iglesias particulares (Jerusalén, Capadocia); en el siglo V comienzan a diversificarse y a fragmentarse bajo el impulso de nuevos e inconciliables factores doctrinales, culturales y sociales. Los siro-orientales (erróneamente llamados nestorianos) no aceptan el concilio de Éfeso y se aíslan en Mesopotamia y Persia, más allá de los confines del imperio romano. Los siro-occidentales, coptos y armenios no aceptan el concilio de Calcedonia, soportan mal la preponderancia política e intelectual del helenismo bizantino, crean una tradición propia con el uso progresivo de las lenguas nacionales y tienden a la creación de una doble jerarquía, donde los fieles se dividen entre quienes acatan la obediencia calcedoniana (ortodoxos) y anticalcedoniana (llamados monofisitas). A pesar del fraccionamiento de las unidades litúrgicas precedentes, estas familias siguen siendo en un cierto sentido complementarias: conservan caracteres e instituciones comunes, derivadas de una larga experiencia pastoral, de los concilios más antiguos y de las fuentes teológicas de los cuatro primeros siglos. A pesar del desdoblamiento jurisdiccional de los patriarcados de Alejandría y Antioquía, en el plano litúrgico se nota una continuación del influjo antioqueno sobre varias iglesias, fenómeno que se prolonga también en el medievo, cuando el grupo alejandrino-etíope es remodelado bajo el influjo antioqueno. Jerusalén no cesa de contribuir al enriquecimiento o a la reforma de las iglesias armenia, georgiana y constantinopolitana. Constantinopla, prestigiosa capital del imperio romano y guardiana de los concilios, extiende también su influjo más allá de los confines imperiales. Tenemos así, después de los cismas de los siglos V-VI, los siguientes grupos litúrgicos principales:

1. GRUPO SIRO-ORIENTAL.

Desde el 362 se encuentra políticamente bajo el influjo persa; canónicamente autónomo desde el 410 (concilio de Seleucia-Ctesifonte), rechaza el concilio de Éfeso (431). Desde el 484 decide conservar la doctrina de Teodoro de Mopsuestia. Se cierra en un aislamiento eclesiástico respecto del Occidente siro-helénico que dura casi ocho siglos, aunque gracias a su intensa actividad misionera comienza a difundirse en muchos países de Asia. La liturgia conserva rasgos arcaicos.

2. GRUPO ANTICALCEDONIANO.

Está más diversificado, porque está compuesto por siro-occidentales, armenios, coptos y etíopes. Mientras las instituciones y la doctrina reflejan siempre un cierto influjo antioqueno, la liturgia continúa registrando un influjo bizantino, especialmente entre los sirios y los armenios. Tiene rasgos muy originales, que se van identificando progresivamente con la nación.

3. GRUPO CALCEDONIANO.

Comprende el patriarcado de Constantinopla, de Jerusalén (geográficamente circundado por la órbita anticalcedoniana de Siria y Egipto, pero que permanece siempre ortodoxo), y las partes de los patriarcados de Antioquía y Alejandría que se adhieren a Calcedonia. La liturgia sufre profundas transformaciones, las tradiciones locales se atenúan y va tomando cada vez más cuerpo la liturgia bizantina, cuyos orígenes se conocen claramente. Se persigue un calcedonismo muy fuerte, expresado en himnos litúrgicos compuestos por una pléyade de himnógrafos. En el tiempo de la iconoclastia, el ambiente monástico palestinense influye definitivamente en la organización litúrgica bizantina.

IV. LAS FAMILIAS DE LAS ANÁFORAS

Las anáforas usadas por las familias litúrgicas orientales merecen una clasificación aparte, porque el uso práctico no se corresponde con las divisiones territoriales, jurisdiccionales y confesionales. Se da, por ejemplo, el caso de anáforas de estructura antioquena usadas entre los coptos o los etíopes; la anáfora alejandrina de san Marcos, que los coptos llaman anáfora de san Cirilo, en cambio casi ha desaparecido del uso egipcio corriente.

Según los tipos de estructura litúrgica, se aceptan comúnmente tres grupos fundamentales:

1)      tipo antioqueno (anáfora de los X11 apóstoles, de san Juan Crisóstomo, etc.);

2)      tipo siro-oriental (Addai y Mari);

3)      tipo alejandrino (san Marcos).

Existen también otras clasificaciones más discutidas, pero no carentes de argumentos convincentes, como la propuesta por L. Ligier:

1)      anáfora de estructura indiferenciada (Traditio apostolica, Epifanio), donde la celebración-glorificación de Dios y la anamesis no están todavía sepadadas;

2)      anáfora de estructura diferenciada, en la que la celebración divina se ha convertido en una parte distinta que precede al sanctus (XII ,apóstoles, Addai y Mari, san Juan Crisóstomo, san Marcos);

3)      anáfora con anamesis universal de la economía de la salvación entre el sanctus y la narración de la institución (Santiago, san Basilio bizantina, Santiago de Sarug, etc.).

Otra clasificación distingue:

1)      autores no sirios, pseudoepígrafes de los siglos VI-VII (XII apóstoles, san Gregorio Nacianceno, san Cirilo de Jerusalén, etc.) y las originalmente siriacas, pero de autores no sirios (san Juan Crisóstomo, san Marcos, etc.);

2)      autores sirios posteriores al año 1000 y varios pseudoepígrafes posteriores.

La primera clasificación es más fácilmente aceptada por todos.

V. DESCRIPCIÓN DE LOS GRUPOS PARTICULARES

1 . LITURGIA SIRO-ORIENTAL (LLAMADA CALDEA).

La iglesia siro-oriental adquirió rasgos estables en la esfera de influencia de Edesa, foco de la cultura semítica cristiana en lengua siríaca y centro misionero para la propagación de la fe en el imperio persa. La élite cristiana de Persia se formó en la escuela de Edesa, especialmente en el período 363-489, cuando fue capaz de asimilar la doble cultura siria y griega y de familiarizarse con costumbres antioquenas. El influjo de Edesa se siente sobre todo en la himnografía, que es una antigua tradición local, ya ilustrada por los 150 himnos de Bardesano (siglo II) y los de san Efrén, que retoma de ellos el ritmo y la melodía, impregnándoles de una teología rica y profunda. La escasa penetración del helenismo y el alto número de comunidades judías de Mesopotamia, que se cristianizaron parcialmente poco después, integran el rasgo semítico de esta iglesia, que sigue el método de la explicación literal de la Escritura según el antiguo método del Targum y entiende podo el simbolismo teológico seguido entre los siro-occidentales.

La codificación litúrgica tiene lugar en tres etapas fundamentales, ligadas a los nombres de importantes katholikoi:

1)      'Isho 'yab Ill (650-658): el rito del bautismo se simplifica y se adapta al bautismo de los niños, el catecumenado casi queda abolido. Isho'yab tiene predilección por el ritmo litúrgico septenario, que lleva a una transformación en la anáfora y a una organización del año litúrgico en series de siete semanas. Bajo su nombre se transmite el Hudrá, colección de oficios para los domingos del año, las fiestas y los días del ayuno de Nínive. Su reforma fija el orden de la salmodia y de los himnos para las vísperas, la oración matutina y las vigilias festivas. Entre los versos sálmicos se insertan estribillos (Qanona). El salterio se divide en 70 secciones (marmitha) o 20 hullale. Los oficios se extienden con la repetición de las respuestas (onitha).

2)      Elia II Abu Halim al Haditi (1176-1190) enriquece el ya abundante género de las oraciones de origen eclesiástico, como la proclamación (karozutha, invocación diaconal que se remonta al siglo V, teológicamente rica) con una colección de oraciones sacerdotales integradas, bien en cada salmo o bien en cada marmitha al final de la vigilia o al principio del matutino.

3)      Yahballaha (1190-1213), compilador del tesoro (Gazza), colección de himnos y antífonas para los nocturnos de las fiestas.

Los principales libros litúrgicos son:

1)      Hudrâ (ciclo), con las composiciones más antiguas para todos los oficios festivos;

2)      Gazza (tesoro), colección de composiciones poéticas de Lelya (nocturno) para las fiestas y las memorias de los santos;

3)      Kashkull (contiene todo): a diferencia del Hudrâ, que da sólo el principio de los textos festivos, éste contiene todo el texto ferial;

4)      Warda (rosa), antología poética de antífonas ('onitha), atribuida al poeta Jorge Warda (†1300);

5)      Abu Halim, oraciones de la mañana (Sapra), composición del homónimo katholikos;

6)      Ktaba da-qdam wa-d-balar (libro de antes y después), ciclo que inicia el domingo de pascua con el propio del oficio durante semanas enteras, respetando la alternancia de domingos pares e impares;

7)      Tres leccionarios: Leccionario para el AT , Epistolario, Evangeliario para la eucaristía;

8)      Naqpayatha d-rase (suplemento de los misterios), cantos del propio eucarístico.

El año litúrgico comprende nueve tiempos:

1)      Anunciación (Subbara), cuatro domingos comenzando por el cuarto antes de navidad;

2)      Epifanía (Denha), dura de cuatro a nueve semanas, desde el 6 de enero; y Rogación de Nínive, precuaresma de veinte días;

3)      Cuaresma (Sawma), cuarenta y un días de ayuno;

4)      Resurrección (Qyamta), siete domingos, desde pascua a pentecostés;

5)      Apóstoles (Shlihe), ayuno de siete domingos comenzando desde pentecostés;

6)      Verano (Qayta), período penitencial, desde el domingo séptimo después de pentecostés;

7)      Elías (Eliyya), período variable de ayuno de seis-siete domingos, que empieza el séptimo domingo después del séptimo de pentecostés;

8)      Moisés (Moshe), período penitencial variable de unas cuatro semanas, que comienza el séptimo domingo después del primer domingo de Elías;

9)      Dedicación (Quddash), período de cuatro domingos, desde el octavo antes de navidad hasta el cuarto, en que comienza el tiempo de la anunciación.

Las anáforas usadas son las de los apóstoles; después, desde el siglo VII en adelante, las llamadas de Teodoro de Mopsuestia y de Nestorio, todas ellas remodeladas. Las lecturas bíblicas, originariamente oficio independiente, se unen a la eucaristía y son cuatro (dos del AT, san Pablo, evangelio).

La iglesia sito-oriental se unió a la de Roma en diversos períodos (1445, 1553-70 bajo Abdisho, 1662, 1672, 1778). Actualmente su cabeza lleva el título de patriarca, mientras que sólo una parte muy reducida y dispersa ha permanecido autónoma. Después de la unión con Roma, a siro-orientales unidos a Roma se llama caldeos; han aceptado varias costumbres latinas, como el bautismo por aspersión, la fórmula latina de la confirmación y reconciliación y el rito romano de unción los enfermos. Bajo el patriarca Ebedjesus (1894-99) recuperaron las antiguas fórmulas para la bendición myron.

También en la actual situación de latinización, la liturgia siro-oriental se caracteriza por sus rasgos arcaicos, una notable sobriedad, el simbolismo de los tres tiempos de oración (tarde, noche, mañana) y la doctrina mariana preefesina. Al haber vivido desde tiempos inmemoriales como una minoría perseguida, primero por los persas, después por árabes y los mongoles, muchas oraciones reflejan un sentido agudo de humilde temor, de penitencia y de espera del día del Señor; se recuerdan constantemente, mucho más que en otras liturgias, los numerosos mártires de la propia historia en las Qale llamadas de los mártires, cantados como los santos predilectos.

2. LA LITURGIA SIRO-MALABAR.

Creada originariamente por misioneros siro-orientales dependientes de la iglesia de Seleucia, en Persia bajo la guía de un obispo-metropolita llamado de la sede de santo Tomás y de toda la iglesia de los cristianos de la India, permanece fiel a las costumbres siro-orientales hasta la llegada de los portugueses a comienzos del siglo XVI. Éstos los consideraron en seguida como católicos, establecieron sin esfuerzo la communicatio in sacris y los sometieron al arzobispo de Goa. El sínodo de Diamper (1599), convocado por los portugueses, creó una verdadera mezcla de ritos, acabando con los viejos libros litúrgicos de tradición siria e imponiendo un ritual portugués traducido al sirio. El Pontifical Romano permaneció en uso hasta el 1962, cuando se introdujo el caldeo. La latinización ha alcanzado un grado muy alto: paramentos y utensilios latinos, actitudes en la oración, pan ácimo y comunión de los fieles bajo una sola especie, inserciones latinas en la anáfora de los apóstoles, Addai y Mari y obligación de recitar privadamente el oficio para los clérigos. En la liturgia se usa la lengua local, el malayalam. Actualmente hay en curso una interesante reforma litúrgica.

3. LA LITURGIA SIRO-OCCIDENTAL.

Se llama a esta liturgia a veces, jacobita, de Santiago Baradai, obispo de Edesa (†578); es común a la iglesia siro-ortodoxa y a su filiación moderna siro-católica; pero también a la iglesia siro-maronita, que forma una rama independiente con originalidades propias. Su origen se remonta a un fondo siro-palestinense primitivo, con fuerte influjo jerosolimitano (anáfora de Santiago), completado por un desarrollo que se creó en la época de las luchas cristológicas de los siglos V-VI y de los cismas consiguientes.

Severo de Antioquía, durante su breve patriarcado (512-518), codificó varios usos litúrgicos. Dedicó mucha atención a la poesía litúrgica; tanto sus 125 predicaciones catedralicias como su biografía, escrita por Juan Bar Aphtonia, muestran su interés por el pueblo de Antioquía, amante de la música, de las procesiones y del canto, hasta el punto de convertirse él mismo en compositor de himnos contenidos en el Octoechos sirio.

Por lo demás, la preeminencia de la himnodia es una característica típica de la liturgia antioquena, que practicaba desde los tiempos de san Efrén el género de las homilías (mamre) y de las instrucciones (madrashe) en forma de catequesis rítmica. Las obras atribuidas a Severo de Antioquía son recogidas y traducidas al siríaco un siglo después por Pablo de Edesa (619-624). La tradición le atribuye también himnos en forma dialogada (sogyatha).

La iglesia de Siria ha dado otros nombres célebres de la poesía teológica y litúrgica como Santiago de Sarug (451-521), del que no se sabe exactamente si se adhirió a la corriente monofisita. Los sirios lo veneran profundamente como "flauta del Espíritu Santo y arpa de la iglesia ortodoxa", y sus himnos son reivindicados también por los siro-orientales (caldeos), los maronitas y los melkitas. Son particularmente famosos sus himnos marianos, que han acentuado la veneración por la Madre de Dios, conmemorada en cada oficio.

Un discípulo suyo, Simeón Qutaya (el alfarero), enriqueció extraordinariamente el oficio siro-occidental con himnos (que se reencuentran en parte también entre los siro-orientales); su estilo entusiasta y expresivo ensombreció un poco los himnos más sobrios del Octoechos de Severo.

El año litúrgico se divide en nueve períodos: 1) Período inicial, desde el domingo de la dedicación u octavo antes de navidad; 2) Tiempo de la anunciación (Suboro); 3) Tiempo de navidad a epifanía.- 4) Tiempo de epifanía (Denho), desde el 6 de enero a la precuaresma 5) Tiempo precuaresmal, con tres domingos. En la primera semana se hace el ayuno de Nínive; 6) Cuaresma, con seis domingos; 7) Tiempo de pascua a pentecostés, con siete semanas 8) Tiempo de pentecostés a la exaltación de la santa Cruz, dividido en dos ciclos: a) domingos de los apóstoles, b) domingos del verano; 9) De la exaltación de la santa Cruz ala dedicación.

Los principales libros litúrgicos son: 1) el libro de las anáforas (Ktobo d’annafuras), que contiene sólo las oraciones recitadas por el sacerdote comprendido el sedro; 2) diaconal, con las órdenes, las amonestaciones, letanías diaconales de la fracción del pan y respuestas del pueblo; 3) ‘Atiqto (el antiguo), para las lecturas tomadas del AT; 4) Shlîho (Apóstol), para las perícopas paulinas, dividido en tres ciclos: a) domingos y fiestas móviles, b) fiestas fijas, c) para los días sin memoria de los santos 5) Evangeliario, dividido como el Apóstol; 6) la riquísima colección de himnos litúrgicos, contenida antiguamente en el Beth Gazo (tesoro), se conserva hoy principalmente en el Fanqîto, que contiene siete volúmenes con los oficios festivos, y en el Shehimo (simple, común), con los oficios semanales. A éstos hay que añadir: 7) el salterio; 8) el hyssoye, con los sedros sacerdotales; 9) el homiliario, del que se leen a veces largos párrafos.

La anáfora más típica y más usada es la llamada de Santiago. La lengua original de las anáforas es el griego; sólo después de los siglos VI-VII se tradujeron al siríaco. Los misales actuales contienen entre 7 y 12 anáforas de estructura similar: doxología del Trisaghion, anamnesis de la historia de la salvación con la narración de la institución, epíclesis y grandes intercesiones, divididas en seis cánones: por los padres de la jerarquía, los hermanos, los reyes, los santos, los padres y los maestros, los difuntos. Las anáforas siríacas conocidas son más de 70, todas diversas entre sí incluso en el texto de la narración de la institución. Las lecturas bíblicas son seis (tres del AT, una de los Hechos o epíst. cat., una epístola paulina, evangelio).

La liturgia siro-occidental se caracteriza también por el uso del sedro (orden), un formulario sacerdotal de origen sinagogal (de cierto parecido con las 18 bendiciones), compuesto, en prosa, de un proemio y de un sedro propiamente dicho, es decir, amonestación de naturaleza homilética llena de pensamientos bíblicos y referencias a la fiesta celebrada, al domingo, etc. Se puede añadir a esto un himno para el incienso (Qolo) y una petición por lo agradable del perfume (etro); originariamente, el sedro era una fórmula para la ofrenda vespertina y matutina del incienso. Cada domingo y fiesta tienen siempre un sedro propio para cada hora del oficio y la liturgia eucarística. La colección más antigua tiene 16, y posteriormente se han compuesto a centenares.

El desarrollo, la codificación y el complemento de los ritos se ha servido de una profunda teología litúrgico-sacramental contenida en las obras de los doctores sirios, autores de explicaciones mistagógicas y de ensayos teológico-litúrgicos: Jorge, obispo de los árabes ( † 724), autor de una explicación de los misterios la iglesia; Moisés Bar Kefa (815-903) comentó los misterios principales; Dionisio Bar Salibi (†1171), sumo representante del renacimiento literario sirio en el siglo XII, conocido como exegeta, pero autor de numerosos himnos eclesiásticos y tratados de teología litúrgica, entre los que destaca un comentario a la liturgia Eucarística (CSCO, 2.a serie 93, París 1903); Santiago Bar Shokko (†1241), autor del libro de los tesoros; Gregorio Bar Hebraeus (1226-1286), en su Candelabro del Santuario, comenta la liturgia de los sacramentos.

La liturgia siro-occidental es extraordinariamente rica en composiciones poéticas y eucologías (anáforas, sedros). La himnografía, la teología, la espiritualidad monástica han enriquecido en distintos tiempos el extenso patrimonio literario siríaco. Los ritos se conciben fundamentalmente como misterios, es decir, como simbolismos misteriosos de un mundo superior, y son en esto diferentes del sobrio minimalismo de los siro-orientales. El papel del Espíritu Santo se subraya con fuerza, hasta el punto de que Severo de Antioquía considera los sacramentos, las imposiciones de las manos y la consagración monástica como comunicación del Espíritu. Las ceremonias y la materia creada son portadoras de un significado pneumático y de una eficacia misteriosa y, aunque bajo el velo del misterio, conectan con la fe y la tradición apostólica; no raramente los autores (Moisés Bar Kefa, Juan de Mardin, † 1165) se esfuerzan por demostrar la institución divina o apostólica de ciertos usos. Por medio de los misterios y del sacerdocio, dice Bar Hebraeus, los hombres son conducidos de las costumbres animales a las de los ángeles. Se subraya el valor objetivo de los misterios, independientemente de los esfuerzos humanos.

La iglesia siro-occidental está hoy dividida entre siro-ortodoxos (mayoría) y siro-católicos. En la India del Sur existe desde el siglo XVII una iglesia siro-ortodoxa, de la que ha surgido una rama unida a Roma en 1932, llamada iglesia siro-malankar.

4. LA LITURGIA MARONITA.

La iglesia maronita, una rama autónoma de la antioquena, se formó en torno al monasterio de Qala'at alMadiq o de san Marón en el alto valle del Orontes, cerca de Apamea. Desde 1216 los maronitas están en comunión con la iglesia romana, que entró en contacto con ellos en tiempo de las cruzadas. Es imposible distinguir las particularidades litúrgicas maronitas antes del siglo XII. En el siglo XIII comienza una corriente de fuerte latinización, que aumenta con la fundación del colegio maronita en Roma (1584) y por obra de los delegados papales, el más intolerante de los cuales fue Eliano (quema de libros litúrgicos). La cumbre de la asimilación de la liturgia maronita a la romana se alcanzó con el sínodo del Monte Líbano (1736). Sólo el ritual de 1942 muestra un retorno de los maronitas a su tradición antioquena.

A pesar de la menor latinización de la misa y del oficio respecto al resto, la arquitectura de la iglesia ha cambiado, hasta el punto de que los muros de separación delante del altar han desaparecido; el pan eucarístico es ázimo; los sacerdotes ya no llevan el phaino (paenula), sino la casulla latina; el crisma se confecciona con una simple mezcla de aceite y bálsamo, al modo latino; desde el siglo XVIII se ha impuesto una extraña anáfora, que reelabora curiosamente el canon romano, y se la llama anáfora de la iglesia romana, mientras que en 1592 desapareció la llamada tercera anáfora de san Pedro, emparentada con la de Addai y Mari, tan antigua y característica.

Las diversas anáforas de los misales maronitas son comunes con las siro-occidentales. El comienzo de la misa presenta variantes derivadas del matutino. En la celebración de los sacramentos en general se han multiplicado los signos de la cruz las incensaciones y las unciones. El canto popular ha enriquecido con varias piezas (Sûghito) el repertorio litúrgico.

El oficio, respecto al siro-occidental, está simplificado y ofrece menos textos variables para los diversos tiempos litúrgicos; el ordinario del breviario (Sh’ himto) es hoy sólo un libro de lectura espiritual y ha sido sustituido por un breviario ferial mucho más sobrio. Después del Concilio Vaticano II se ha introducido aquí y allá la celebración de cara al pueblo y la misa dialogada en contradicción con la mas antigua costumbre.

A pesar de la mezcla de costumbres sirias y latinas, la liturgia maronita lleva una simpática impronta de piedad y popularidad, expresión de una vida comunitaria sufrida, plena de fe simple. La lengua litúrgica es el árabe, aunque permanecen ciertas partes en siríaco. La reforma litúrgica está en curso.

5. LA LITURGIA COPTA.

La liturgia alejandrina del primer milenio ofrece pocos documentos y es mal conocida. La oposición a Bizancio, la entrada en la órbita anticalcedoniana, la invasión árabe, el influjo preponderante del elemento monástico y estrechas relaciones teológico-institucionales delimitan el área de desarrollo litúrgico del Egipto cristiano. Los cristianos de la iglesia alejandrina, después de la invasión musulmana (639-642), se han venido llamando coptos, por la pronunciación árabe corrompida de aigyptios (egipcio), convertido después en qibti, qubti.

La lengua litúrgica originaria era el griego; después de las controversias calcedonianas, la lengua popular se hace literaria y se desarrolla sobre todo a costa del griego. En el ámbito monástico, la liturgia se celebra también en griego durante muchos siglos; sin embargo, es en este ambiente donde se originan las traducciones del griego al copto y esos numerosos himnos (psali), cantos a María (theotokia), odas, antífonas y doxologías que acompañan la liturgia en griego. El copto se mantiene como única lengua litúrgica hasta el medievo (está en uso todavía hoy); pero al comienzo del segundo milenio se impone como lengua hablada el árabe, que suplanta gradualmente al copto.

Entre los siglos X-XIII florece en Egipto una importante literatura árabocristiana (los tres Asálidos). De los dos principales dialectos coptos, el sahídico (en el Sur) y el bohárico (en el Delta), prevalece en la liturgia este último gracias a la aportación de los monjes del desierto occidental (san Macario, en Wadi n-Natrun). Por tanto, la antigua liturgia ciudadana de una Alejandría megalópolis, culta y cosmopolita, se convierte en esta coyuntura en una liturgia cada vez más copta, es decir, expresión nacionalista de la vida religiosa del pueblo. El influjo de los sirios ha sido notable, y ha acontecido al menos en tres etapas: en el siglo IV, en el momento de la conquista islámica, bajo el patriarca Benjamín (626-665), y en la reorganización eclesiástica de los siglos XII y XIII, sobre todo bajo el patriarca Gabriel II Ibn Turaik (1131-1145), al que se atribuye el ordenamiento del Libro pascual. La obra enciclopédica Lámpara de la oscuridad, de Abul-Barakat (comienzos del siglo XIV), contiene preciosas descripciones de las corrientes litúrgicas y de las costumbres locales, ilustrándolas con preciosos, aunque poco seguros, datos históricos. En el siglo XV, bajo el patriarca Gabriel V, se redactan definitivamente los rituales de los sacramentos y de las bendiciones. Las excelentes ediciones romanas de R. Tukit (siglo XVIII) y las actuales reproducen textos de esta última reforma.

Libros litúrgicos principales:

1)      Eucologio, ordinario de la liturgia eucarística, matutino, oficio vespertino del incienso, varios oficios cantos propios de ciertas fiestas;

2)      Diaconal, partes variables para el diácono y el pueblo;

3)      Leccionario (Katameros), dividido en tres partes:

a.      Katameros anual, en cuatro volúmenes, lecturas para las ferias, domingos, fiestas y santos del año;

b.      Katameros de cuaresma, en dos volúmenes;

c.       Katameros de Khamasin, para el tiempo de pascua a pentecostés;

4)      Synaxario, un martirologio que se lee en la liturgia eucarística después de los Hechos de los Apóstoles para indicar la continuación de la historia de la salvación. Cuando no se celebra la eucaristía, se lee en el oficio vespertino del incienso;

5)      Tasafir, interpretación de las lecturas de la eucaristía, se usatambién en el oficio;

6)      Al-Mawá'iz, antología de homilías patrísticas;

7)      Al-Hutab, discursos en árabe, para ser leídos antes del evangelio;

8)      AlMayamir, homilías en árabe, con los hechos de las fiestas en estilo popular, usado en el oficio del incienso;

9)      Sirah, biografías de santos leídas después de las mayamir con ocasión de las peregrinaciones y las fiestas patronales;

10)  Al-Tamagid, doxologías en honor de los santos y de los ángeles;

11)  Cánticos para distintas ocasiones y tiempos litúrgicos, que se cantan durante la comunión;

12)  Orden procesional, parados fiestas de la cruz y el domingo de ramos; 13) Horologion para siete horas canónicas;

13)  Salmodia anual, con las cuatro alabanzas y siete theotokia cotidianos y doxologías para el santoral;

14)  Salmodia de Khoiak, oficios para el mes antes de navidad consagrado a la Madre de Dios;

15)  Menologio (Difnar), breve información sobre las fiestas, con elogio del santo del día;

16)  Libro de los cantos, himnos de la oración vespertina o nocturna de ciertas fiestas;

17)  Orden para Laqqán (pila), es decir, para la bendición del agua (epifanía, jueves santo, santos Pedro y Pablo) y para Sagdah (genuflexión de pentecostés);

18)  Guía para la semana santa, comenzando desde el sábado antes de ramos (sábado de Lázaro);

19)  Libro de la santa pascua, leccionario para la semana santa;

20)  Libro de las glosas, con reflexiones sobre los evangelios y horas de la semana santa.

El año litúrgico es muy particular a causa del calendario, calculado a partir del 29 de agosto de 284 d.C., comienzo del reinado de Diocleciano y, para los coptos, de la era de los mártires. Los trescientos sesenta y cinco días se dividen en trece meses: doce meses de treinta días y un mes final de cinco días (seis en los años bisiestos). Los nombres de los trece meses en copto (árabe entre paréntesis) son:

1)      Thôut (Tût), 11 septiembre-10 octubre;

2)      Paopi (Bâbah), 11 octubre-9 noviembre;

3)      Athôr (Hâtûr), 10 noviembre-9 diciembre;

4)      Khoiak (Kîhak), 10 diciembre-8 enero;

5)      Tôbi (Tubah), 9 enero-8 febrero;

6)      Mekhir (Amshir), 9 febrero-9 marzo;

7)      Phamenôth (Baramhât), 10 marzo-8 abril;

8)      Pharmouthi (Baramûdah), 9 abril-8 mayo;

9)      Pakhôn (Bashuns), 9 mayo-7 junio; 10) Paôni (Ba’ûnah) 8 junio-7 julio; 11) Epêp (Abîb), 8 julio-6 agosto; 12) Mesori (Misrâ), 7 agosto-5 septiembre;

10)  Pikougi Enabot (Khamsat Ayâm an-Nasi), 6 septiembre-10 septiembre.

Se distinguen tres estaciones litúrgicas en relación con la vida agrícola y las inundaciones del Nilo, que incluyen oraciones especiales para la crecida y la recolección:

1)      la inundación (nîlî, Nilo) de ciento veinticuatro días, 19 junio-19 octubre;

2)      2) la siembra (shetwii invierno), de noventa y un días, 20 octubre-18 enero 3) la recolección (sêfi, verano), de ciento cincuenta y un días, 19 enero-18 junio.

La semana comienza el sábado por la tarde; los días están divididos en dos grupos:

1)      Adam, de domingo a martes;

2)      2) Watos, de miércoles a sábado. Los dos nombres Adam y Watos son la primera palabra de los theotokia del lunes y del jueves.

Los ayunos son importantes y observados realmente:

1)    de Navidad, de cuarenta y tres días (25 noviembre-enero);

2)    de Jonás o de Ninive, tres días antes de la septuagésima latina;

3)    de Heraclio, desde el lunes al sábado de la octava semana antes de pascua;

4)    Cuaresma, de siete semanas;

5)    de los Apóstoles, varía de quince a cuarenta y nueve días;

6)    de la Dormición, de quince días, del 7 al 22 de agosto. Hay que añadir los miércoles y los viernes de todo el año. El ayuno excluye carne y derivados de la leche. El pescado tampoco se consume en algunas grandes vigilias, en la cuaresma y en el ayuno de Jonás.

La celebración eucarística es larga y sobria. El altar tiene forma de arca; el santuario (Heikal) está rígidamente separado por una pared divisoria (Higab), con pocos iconos, delante de la cual hay un lugar bien separado para el coro. La confección del pan eucarístico tiene lugar la tarde anterior, durante un meticuloso oficio apropiado. Al comienzo de la liturgia se hace una procesión con los dones en torno al altar. Muchas exclamaciones están en griego, más que entre los siro-occidentales. Encontramos una doble epíclesis; la primera de ellas implora el cambio de los dones y se subraya por medio de repetidos signos de la cruz sobre las especies. Las lecturas son cuatro. El evangelio se lee siempre en copto y en árabe. Después de una larga letanía comienza la anáfora. En la práctica se usan tres anáforas: la más frecuente es la copta de san Basilio (sobria reducción del texto griego); la de san Gregorio Nacianceno se usa en las grandes fiestas del Señor y, contrariamente al uso paleocristrano, no se dirige a Dios Padre, sino a Cristo; la anáfora de san Cirilo es sustancialmente la antigua anáfora alejandrina de san Marcos (largas intercesiones antes del sanctus, doble epíclesis antes y después de la narración de la institución, sanctus sin hosanna; las invocaciones diaconales son escasamente litánicas), pero a causa de su larga duración casi ha caído en desuso. Otras doce anáforas han desaparecido del uso. Después de la absolución del Padre, las especies de la comunión se distribuyen separadamente con la fórmula de tipo realista: "El cuerpo (la sangre) del Emmanuel, nuestro Dios, es esto en verdad. ¡Amén!" Los vasos sagrados se purifican escrupulosamente con agua. Al final el pueblo exclama: "¡Amén! ¡Que suceda durante cien años!".

En los días de la celebración eucarística se hace el rito del incienso, distinto del oficio. Las horas se practican en los monasterios y contienen una rica salmodia. Cada hora tiene doce salmos, una lectura y un evangelio. En vísperas, en el oficio nocturno y en el matutino se añaden himnos de diversos géneros (troparios, theotokia, doxologías, alabanzas de los santos) y cánticos bíblicos. El ciclo de las horas y el de los salmos corren recíprocamente paralelos, según una subdivisión puramente monástica.

Los coptos constituyen hoy en día la más numerosa comunidad cristiana en un país islámico (al menos seis millones). La liturgia, larga y rica, es cada vez más seguida, gracias a un impresionante movimiento de renovación, que partió del ambiente monástico. En las numerosísimas escuelas dominicales (Sunday Schools) se estudian los ritos y se vuelve a aprender el copto litúrgico. La predicación está ampliamente difundida, y se inspira con frecuencia en los temas de la liturgia. La participación, tal como la entiende un occidental, es un rasgo sobresaliente, tanto de la tradición corno de la renovación copta, gracias a la cantidad de cantos y gestos comunes. El pueblo gusta mucho de las procesiones, especialmente las de la santa Cruz (que se encuentra por todas partes: incluso en forma de tatuaje en las muñecas y la frente); el ayuno extraordinario de Heraclio recuerda el hallazgo de la santa Cruz, cuando Heraclio reconquistó Jerusalén a los persas (614). La veneración a la Madre de Dios alcanza auténticas cimas de entusiasmo en los gestos y en las costumbres; el calendario tiene treinta y dos fiestas de María; el mes de Khoiak, antes de navidad, implica el canto público de numerosos theotokia, de poesía fascinante y llena de sabor bíblico según el gusto siríaco. Aunque el canto es monótono y prolongado, el carácter egipcio, piadoso y paciente, aprecia la actitud de escucha. El gusto por la audición es sin duda un rasgo típico de los coptos; en el curso de la semana santa hay muchísimas lecturas, hasta el punto de que se leen los cuatro evangelios completos. Las ceremonias son sobrias, con ritos externos moderados, en los que se siente la influencia de un monacato omnipotente y auténtico. Se usan instrumentos de percusión para acompañar rítmicamente el canto (címbalos, triángulo).

Desde 1895 existe también un patriarcado copto católico, muy reducido numéricamente, con la liturgia notablemente abreviada.

6. LA LITURGIA ETÍOPE.

Los orígenes de la liturgia etíope son casi completamente desconocidos. El cristianismo llegó en el siglo IV al antiguo reino de Axum y tomó cuerpo gracias a misioneros coptos y sirios (Frumencio o Abba Salam). Aunque está bajo la jurisdicción directa del patriarcado copto de Alejandría (en 1951, el primer arzobispo etíope; en 1959, el primer patriarca-katholikos etíope), la liturgia no es puramente copta, a causa del influjo de los misioneros provenientes del imperio bizantino (los nueve santos romanos de Siria o del Asia Menor, hacia el 500); no faltan influjos jerosolimitanos, e incluso armenios.

La mayor parte de los documentos litúrgicos antiguos fueron destruidos por el rey Anida-Sion (1314-1344), y el resto se perdieron durante la invasión islámica de Ahmad-Ibn-Ibrặhimal Gặzis (1531-1543). La lengua litúrgica es el ge'ez de origen sud-arábico, que en la época moderna se subdivide en dos dialectos principales: amhara y tigrinia; en el ambiente de ciudad se comienza a usar tímidamente el amhárico. La organización de la liturgia actual se sitúa entre los siglos XIV-XVI, cuando se introdujeron numerosas costumbres inspiradas en el judaísmo y en el AT (en Etiopía existe una antigua y numerosa colonia de hebreos falashá). Era también el tiempo de las grandes invasiones islámicas: la Etiopía cristiana fue rodeada por sultanatos. Los Negus comenzaron a revalorizar el mito de la dinastía salomónica y a llevar el sobrenombre de la casa de Israel. Se introdujo la procesión con el arca de la alianza con siete vueltas en torno a la iglesia, al son bíblico de los címbalos; las fiestas de los santos del AT; la práctica de la circuncisión antes del bautismo. El tipo arquitectónico de la iglesia etíope es de planta central y recuerda el santo sepulcro o la mezquita de la roca de Jerusalén; en el centro hay un templete con el altar (maqdas), donde reposa un tabernáculo (tabot) que recuerda el arca de la alianza.

Los libros litúrgicos principales, producto de la reforma litúrgica del 500-600, son:

7)      Misal (Mets'hafe Qe'ddase), dividido en:

a)      16-20 anáforas;

b)      eucaristía (Zemmare);

8)      Manual de la penitencia (Mets'hafe Nuzaze);

9)      Manual del matrimonio (Mets hafe Taklil);

10)  Manual para la unción de los enfermos (Mets-hale Qandil);

11)  Deggwa, conjunto de cuatro antifonarios (salmodia, cuaresma, fiestas, común) con textos bíblicos y cantos varios, compilado en el s. xv, revisado en los ss. xvi y xv» y todavía hoy objeto de investigaciones;

12)  Antifonario cuaresmal (Tsomedeggwa);

13)  Mawặseet, antifonario para más de 50 fiestas, pero de uso más raro;

14)  Oficio común (Me'eraf);

15)  Sínodos, elenco de las fiestas de los santos. Hay otros libros para los sacramentos y libros paralitúrgicos usados en los monasterios o para devociones especiales, como Argặmone Weddase (arpa de la alabanza), vasto oficio mariano de 1440, con siete lecturas para los siete días de la semana, basado en la biblia y en apócrifos; o como Gebra Hemamat (actos de la pasión), leccionario para el tiempo de ramos a pascua, traducido del árabe al ge'ez.

El calendario sigue el copio-juliano,con trece meses:

1)      Maskaram (29 agosto-27 septiembre); 2) Tegamt (28 septiembre-27 octubre);

2)      Hedor (28 octubre-26 noviembre);

3)      Tâhsâsh (27 noviembre-26 diciembre);

4)      Ter (27 diciembre-25 enero);

5)      Yuk atît (26 enero-24 febrero);

6)      Maâbit (25 febrero-26 marzo);

7)      Miyâzyâ (27 marzo-25 abril);

8)      Genbot (26 abril-25 mayo);

9)