COMENTARIO
AL No. 12 DE LABOREM EXERCENS
Prof. Silvio
Cajiao, Bogotà
El numeral 12 de la Encíclica está
situado en el Capítulo II que refiere al “Conflicto entre Trabajo y Capital en
la presente fase de la historia”. En el numeral 11 ha indicado ya cómo algunos
han tratado de explicar este “conflicto” reduciéndolo únicamente a una
explicación de carácter de clase,
expresión a su vez del conflicto ideológico entre el capitalismo y el marxismo,
entendido este como ideología del socialismo científico y del comunismo que se
haría vocero de todo el proletariado mundial. Así este conflicto entre el mundo
del trabajo y el mundo del capital quedaba transformado en una lucha programada
de clases, lucha con métodos no solo ideológicos sino precisamente políticos.
Desde este ámbito, propone Juan
Pablo II que se amplíe el horizonte de tratamiento del asunto y no se encierra
únicamente en esa perspectiva puramente ideológica sino que se asuma como
verdadero problema del hombre ubicado en “el pleno contexto de la realidad
contemporánea”. (No. 11)
En medio de la complejidad de este
mundo contemporáneo, se nos dice pues, en el No. 12, que es necesario indicar
la prioridad del «trabajo» frente al «capital» ya que en la cadena de
producción el trabajo es “causa eficiente primaria” mientras que el capital es
una “causa instrumental” y esta verdad se deduce de toda la historia humana.
Pero el trabajo está necesariamente unido a la realidad de la propiedad, pues
es mediante aquel que el hombre se apropia de una parte de la realidad creada,
sea esta la tierra, el subsuelo, el mar o el espacio.
El hombre encuentra en la
naturaleza unos medios que él no crea, pero en su proceso de transformación se
los apropia mediante su inteligencia los coloca en la cadena de producción y va
perfeccionando su utilización por una técnica más refinada; este “conjunto de medios
es fruto del patrimonio histórico del trabajo humano”. (No.12) Hasta la
técnica más avanzada de nuestros días, por sofisticada que ella aparezca es
producto del trabajo humano y jamás debería colocársele por encima del mismo.
Todo ese conjunto poderoso de los
medios de producción que hoy en día es sinónimo de capital, existe en cuanto
producto del trabajo. Ubicarse en el nivel que le hace capaz al hombre de hoy
para utilizar toda esta acumulación de tales medios técnicos, supone sin duda
una mayor capacitación y aparentemente la perfección de la máquina haría pensar
que el hombre es superfluo, pero sería un craso error proceder así ubicando el
trabajo humano detrás de la tecnología.
Por lo tanto ha sido la posición de
la Iglesia sobreponer siempre la prioridad del trabajo a los medios y a todo el
sistema socio económico. Así el hombre, independiente del trabajo que realice,
él solo es persona y se ubica más allá de las cosas.
De aquí surgen entonces
interrogantes que van a ser asumidos más adelante en la misma Encíclica. ¿Cómo
se ha de organizar la sociedad en donde se refleje la prioridad del hombre
sobre el capital y la técnica?, ¿Cómo afrontar la desocupación que la
cibernética está generando y por lo tanto la exclusión de masas enteras de
población del mundo laboral y la concentración de capitales en manos de unos
pocos y la generación de pobreza cada vez mayor?, ¿Cómo generar sistemas de
derecho laboral que concedan el real equilibro de justicia entre el trabajador
y el empresario?