De Rerum Novarum a Mater et Magistra
(Prof. Jose Vidamor B. Yu, Manila)
1. Rerum
Novarum
La Iglesia Católica conoció una gran impulso bajo el
liderazgo de León XIII a principios del siglo pasado. León XIII, cuyo nombre
era Giacchino Vincenzo Pecci, tenía sesenta y ocho año cuando fue elegido Papa
en 1878. La Iglesia se estaba recuperando de los inquietantes cambios de los
tiempos durante el pontificado de Pío IX. En 1864 Pío IX tuvo que tantear
cuáles eran la opinión de los Cardenales y las reacciones de los obispos para
posibilitar la apertura del Concilio Vaticano Primero el 8 de diciembre de 1869
al que asistieron más de 700 obispos, y por otra parte, tuvo enfrentarse a una
nueva oleada de cambios en la sociedad como por ejemplo el liberalismo, el naturalismo,
el socialismo, la evolución, el materialismo y los múltiples principios
modernos que surgían y que amenazaban a las doctrinas de la Iglesia.
León
XIII deseaba reformar la Iglesia como lo había comenzado Pío IX hacia la mitad
del siglo XIX. Pío IX tuvo que hacer frente tanto al movimiento de los
católicos “liberales” como al de los “verdaderos” católicos en relación con la
infalibilidad papal. Distinguía tres períodos en los concilios de la Iglesia:
primero, el período del desorden, al que llamó período del demonio; luego, el
período del trabajo humano, las luchas y esfuerzos, al que llamó período del
hombre; y finalmente el período de la purificación y glorificación de dios al
que llamó período del Espíritu santo. León XIII proporcionó el ambiente
favorable a la reforma en la sociedad y en la Iglesia, que fue inaugurado con
el Concilio Vaticano I.
Durante
el pontificado de León XIII la Iglesia luchó para establecer lazos diplomáticos
con los estado de Alemania. Francia e Italia. Kulturkampf fue el título eufemístico utilizado para describir
el número de leyes promulgadas en Alemania para debilitar los lazos entre la
Iglesia alemana y el papado. El punto álgido llegó cuando se intentó poner a la
Iglesia alemana bajo el control del estado absoluto. Durante la década de 1870,
la Kulturkampf siguió en pié pero después de diez años, el movimiento se
apaciguó a través de los gestos diplomáticos llevados a cabo por el Papa. Este
movimiento anticlerical retiró la legislación y se avino con la Iglesia Católica.
Durante
el siglo XIX la Iglesia Católica ha sido testigo de cómo el hombre ha
conseguido un nivel de vida más alto. La Revolución Industrial hizo crecer la población en toda Europa; se
consiguieron avances técnicos en la industria como por ejemplo el motor a
vapor, lo que produjo un aumento de la producción. Las ciudades se expandieron
y la Iglesia experimentó nuevos nacimientos en las ciudades europeas. El
sistema económico adoptado fue el capitalismo, lo que provocó el surgimiento de
una clase obrera urbana sin control, proletarios que vivían en condiciones
infrahumanas, explotados y sin ningún tipo de protección. La fábrica reemplazó
al trabajo agrícola en el ciclo diario de las empresas humanas.
Había
que ocuparse más de las clases pobres de la sociedad. Los grupos evangélicos
como los Metodistas se hicieron populares por su trabajo con los trabajadores y
las clases bajas. Se hacían eco de un mensaje: su propia liberación y la
salvación de la miseria; sus predicaciones se desenvolvían en torno a la fe en
la pasión y muerte de Cristo. Los movimientos evangélicos se centraban en la
autoridad y en la inspiración de la Biblia para la liberación de situaciones
como estas. La iglesia Católica, por su parte, tomo partido y proclamó su
reacción mediante la primera encíclica social de la Iglesia, Rerum Novarum.
Esta encíclica fue publicada el 15 de mayo de 1891; su redacción está basada en
las ideas de Santo Tomás sobre el orden social. Hay dos cosas primordiales en
este documento; en primer lugar, la Iglesia niega su apoyo a la lucha de clases
y ataca al socialismo como lo proponía Carlos Marx, y en segundo lugar, se
pronunció en contra de los distintos presupuestos del liberalismo económico, es
decir el capitalismo.
Rerum
Novarum nos enseña: Primero, el avance del período de la industrialización
provocó injusticia en la sociedad por la inhumanidad de los empresarios y por
los medios de competencia descontrolados “disueltos
en el pasado siglo los antiguos gremios de artesanos, sin ningún apoyo que
viniera a llenar su vacío, desentendiéndose las instituciones públicas y las
leyes de la religión de nuestros antepasados, el tiempo fue insensiblemente
entregando a los obreros, aislados e indefensos, a la inhumanidad de los
empresarios y a la desenfrenada codicia de los competidores.” (RN 6)
Segundo,
Rerum Novarum se preocupó profundamente del alejamiento de la Iglesia de
los trabajadores como resultado de la brecha cada vez mayor entre las clases
sociales. El socialismo intentó resolver los problemas crecientes pero fue
condenado por la Iglesia que proponía en su lugar un relación equitativa entre
el capital y el trabajo. León XIII explicó la terrible situación debida a la
relación entre el socialismo y la clase obrera, que de hecho sufría más que con
los males del sistema capitalista. La encíclica explica que “luego
los socialistas empeoran la situación de los obreros todos, en cuanto tratan de
transferir los bienes de los particulares a la comunidad, puesto que,
privándolos de la libertad de colocar sus beneficios, con ello mismo los
despojan de la esperanza y de la facultad de aumentar los bienes familiares y
de procurarse.” (RN 10)
Tercero,
la encíclica social insiste que los ricos y los pobres, el capital o el
trabajo, tienen los mismo derechos y obligaciones. En contra de los
socialistas, León XIII defiende el derecho de las personas a la propiedad
individual. Es prerrogativa de las personas ejercer su propio derecho a poseer
algunas propiedades como ciudadano de un país. Sin embargo, León XIII advierte
contra los abusos del derecho a la propiedad privada. La encíclica establece
los límites de su uso para evitar tanto el abuso de las personas como de la
propiedad. La propiedad privada es una vocación y un derecho. León XIII afirma
que “es un derecho natural del hombre, y usar de este derecho, sobre
todo en la sociedad de la vida, no sólo es lícito, sino incluso necesario en
absoluto. «Es lícito que el hombre posea cosas propias. Y es necesario también
para la vida humana»” (RN
36)
Cuarto,
los pobres y los débiles deben ser defendidos por el estado. El estado tiene el
deber inalienable de defender sus derechos. Estos derechos tienen que ser
protegidos religiosamente porque los débiles y los pobres confían en la
protección del estado. La potestad del estado se manifiesta a través del
servicio a los débiles y menos privilegiados. El estado ha de hacer que los
pobres estén “confiados principalmente a su patrocinio.” (RN 54)
Quinto,
la relación entre empleadores y empleados se debe manifestar mediante un
salario justo que permita a los trabajadores sustentarse individualmente y a
sus familias. León XIII exhorta a que sea el estado quien tiene el deber de
asegurar la justicia que los empresarios proporcionan a sus trabajadores. No
poder conservar la justicia, iría en detrimento de los empresarios,
trabajadores, comercio y especialmente de los intereses del estado, lo que
puede igualmente excitar la violencia, motines, disturbios civiles y poner así
en peligro la paz pública. (Cf. RN 56)
Sexto,
el estado tiene el derecho a intervenir en los problemas laborales de sus
ciudadanos para garantizar justicia para todos. Sin embargo, León XIII advierte
que el estado no puede absorber a las personas. Todo ciudadano tiene el derecho
a crear sindicatos con la condición de que estas asociaciones aseguren sus
funciones a favor de los trabajadores. Y agrega León XIII que, “aunque
las sociedades privadas se den dentro de la sociedad civil y sean como otras
tantas partes suyas, hablando en términos generales y de por sí, no está en
poder del Estado impedir su existencia, ya que el constituir sociedades
privadas es derecho concedido al hombre por la ley natural, y la sociedad civil
ha sido instituida para garantizar el derecho natural y no para conculcarlo; y,
si prohibiera a los ciudadanos la constitución de sociedades, obraría en
abierta pugna consigo misma, puesto que tanto ella como las sociedades privadas
nacen del mismo principio: que los hombres son sociables por naturaleza.” (RN 72) Los sindicatos tienes también el derecho
de preservar los derechos legítimos de los trabajadores.
Séptimo,
el estado tiene el deber primordial de
cuidar el alma del trabajador individual. La protección de las personas
no es un fin en sí misma “sino tan sólo el camino y el
instrumento para perfeccionar la vida del alma con el conocimiento de la verdad
y el amor del bien.” (RN 57) La vocación
del estado y de la Iglesia ha de ser la de asegurar la salvación de todo
ciudadano del país especialmente entre las clases trabajadoras que constituyen
los débiles y los pobres de la sociedad. Igualmente, toda organización social
tiene la obligación de conducir a los trabajadores hacia la perfección
religiosa y moral. (cf RN 77)
La
encíclica Rerum Novarum de León XIII dejó claro la conciencia y la
respuesta que la Iglesia tenía a los signos de los tiempos. La tarea del Papa
fue la de proporcionar principios sobre los derechos de los trabajadores y los
deberes del estado basándose en verdades eternas. Rerum Novarum fue un
paso gigantesco de la Iglesia hacia la alianza con los trabajadores y los
pobres resistiéndose a la tentación de aliarse con los burgueses. El tema
central de la encíclica se centró en las condiciones de los trabajadores como
resultado de la Revolución Industrial. Las relaciones entre los empleados y los
empleadores deben basarse en la verdad, la justicia, el amor y el respeto a los
derechos inalienables de las personas.
2. Quadragesimo Anno
El
impacto de Rerum Novarum de León XIII se puede evaluar con la encíclica
de Pío XI Quadragesimo Anno del 15 de mayo de 1931. Píos XI se centró en
el principio de subsidiariedad como alternativa a la lucha de clases, el
socialismo y el capitalismo. Tras las bases y principios sociales establecidos
por Rerum Novarum, Píos XI buscaba una justicia social basada en los
principios del Evangelio. La Iglesia Católica desea asumir la justicia entre
las clases trabajadoras y las necesidades de los pobres a través de la
inquietud social y la caridad. La encíclica fue publicada en medio de la
depresión del orden social, el surgimiento del totalitarismo comunista por una
parte, y el capitalismo extremo por otro.
Pío XI subraya en su encíclica los puntos
siguientes: primero, reafirma el principio establecido por León XIII que hace
su aparición en medio de la gran Depresión, en la época de los dictadores y los
crueles sistemas totalitaristas de la derecha y la izquierda. Quadragesimo
Anno desarrolla la doctrina social católica siguiendo la línea de los
grandes principios de amor del Evangelio manifestados mediante la justicia y la
paz, la solidaridad, el bien común, la subsidiariedad, el derecho a la
propiedad, el derecho de asociación y el papel fundamental de la familia en la
sociedad. Al afirmar estos derechos humanos básicos, Quadragesimo Anno
abre el camino al valiente ataque papal al nazismo (Mit brennender sorge,
1937), al comunismo soviético (Divini Redemptoris, 1937), al fascismo
italiano (Non abbiamo bisogno, 1938) y al anticlericalismo masónico de
Méjico (Nos es muy concida, 1938)
Segundo, Quadragesimo Anno afirma una vez más
la vocación magisterial de la Iglesia mediante la “Reforma cristiana de la
moral.” (QA 15) La iglesia tiene el deber de educar a los fieles en relación
con los principios sociales básicos basándose en las Sagradas Escrituras.
Respondiendo a los signos de los tiempos actuales, la Iglesia debe ejercer su
deber de dirigir a la sociedad hacia sus ideales más elevados cumpliendo con su
deber de restablecer la dignidad de los trabajadores. La encíclica afirma que “es
la Iglesia la que trata no sólo de instruir las inteligencias, sino también de
encauzar la vida y las costumbres de cada uno con sus preceptos; ella la que
mejora la situación de los proletarios con muchas utilísimas instituciones.” (QA 17)
Tercero, Pío XI ataca al socialismo como sistema
social que oprime la libertad humana mediante un colectivismo perjudicial. Es
un sistema de cuestiones sociales y económicas basado en la propiedad común que
suprime el derecho a la propiedad privada. Pío XI expone los males del
capitalismo que conduce a un individualismo extremo que es susceptible
desproteger los derechos de los trabajadores. Uno de los impulsos del estado es
el de defender los derechos de los débiles y los pobres. Pío XI reitera la
llamada de León XIII a la reforma diciendo que “a los
gobernantes de la nación compete la defensa de la comunidad y de sus miembros,
pero en la protección de esos derechos de los particulares deberá sobre todo
velarse por los débiles y los necesitados.” (QA 25)
Cuarto, Pío XI hace hincapié en el “principio de
subsidiaridad” que da libertad a pequeños grupos económicos y sociales para
tratar cuestiones de menor importancia. El estado no debe intervenir en ninguna
cuestión que pequeños grupos, empresas e instituciones pueden hacer por sí
mismos. La encíclica afirma que “conviene, por tanto, que la
suprema autoridad del Estado permita resolver a las asociaciones inferiores
aquellos asuntos y cuidados de menor importancia, en los cuales, por lo demás
perdería mucho tiempo, con lo cual logrará realizar más libre, más firme y más
eficazmente todo aquello que es de su exclusiva competencia, en cuanto que sólo
él puede realizar, dirigiendo, vigilando, urgiendo y castigando, según el caso
requiera y la necesidad exija.” (QA
80)
El
cambio radical producido en la Iglesia Católica se puede manifestar mediante
las encíclicas de los papas de los tiempos modernos. La acción social que la
Iglesia desarrolla para responder a las distintas realidades sociales así como
el mayor papel de los laicos han sido respaldados calurosamente por la
encíclica Mater et Magistra, publicada por Juan XXIII el 15 de julio de
1961. Respondiendo a las inevitables realidades sociales de su época, Juan
XXIII dirigió la Iglesia escrutando los signos de los tiempos por una parte, y
permitiendo a la Iglesia, por otra parte, coexistir con le mundo sin dominarlo
sino siendo su sierva y dispensadora. Para llevar a cabo la misión de Cristo en
la transformación del entorno social, Juan XXIII interpretó los signos de los
tiempos desde la perspectiva del Evangelio.
Primero,
al ser la Iglesia Madre y Maestra, Juan XXIII menciona los cambios ocurridos en
la sociedad. A nivel tecnológico, el avance de la ciencia y la tecnología eran
algo optimista, el descubrimiento de la energía atómica fue un avance, la
modernización de la agricultura fue un signo de protección y promoción del
sector agrícola, y los medios de transporte y comunicación han manifestado la
interconexión de los pueblos de todo el mundo. A nivel social, los trabajadores
toman conciencia de sus derechos al seguro, la educación, la conciencia de
pertenecer a sindicatos y el deseo de una vida decente. En el campo de la vida
política, la Iglesia ha sido conciente del declive del colonialismo que
permitió la aparición de las naciones estado. La posguerra había conseguido dar
un paso adelante al afirmar la unicidad de las culturas y las naciones. Los
pueblos ahora se gobiernas a sí mismos y crean sus propias leyes e
instituciones. La independencia de los pueblos y las culturas fue afirmada por
la Iglesia para llevar a cabo su tarea de inculturación, diálogo, y otras
formas de evangelización.
Segundo, Juan XXIII ha traspaso el principio de
subsidiariedad a la interdependencia de
los pueblos y naciones. La creciente era económica y tecnológica había hecho
del mundo una aldea global por medio de las comunicaciones y el transporte. La
cada vez mayor complejidad de la vida socioeconómica ha hecho que la gente
desee esa interdependencia a través de asociaciones, provocando así una
“progresiva multiplicación de las relaciones de convivencia, con la formación
consiguiente de muchas formas de vida y de actividad asociada” (MM 59)
Tercero,
Juan XXIII hace que la persona humana sea el criterio de evaluación de las
situaciones socioeconómicas. La dignidad de la persona humana sigue siendo
central para todo progreso político, económico y social. Subraya que, “de
donde se sigue que, si el funcionamiento y las estructuras económicas de un
sistema productivo ponen en peligro la dignidad humana del trabajador, o
debilitan su sentido de responsabilidad, o le impiden la libre expresión de su
iniciativa propia, hay que afirmar que este orden económico es injusto, aun en
el caso de que, por hipótesis, la riqueza producida en él alcance un alto nivel
y se distribuya según criterios de justicia y equidad.” (MM 83). Juan XXIII sostiene que una economía
justa no significa solamente abundancia y distribución de la producción de
bienes y servicios sino que también incluye el proceso de la persona como una
persona humana que es sujeto y objeto de dichos bienes y servicios.
Cuarto, la vocación del estado es buscar y promover el
bien común. Mater et Magistra ha intentado el diálogo entre la Iglesia y
la comunidad internacional en relación con los derechos humanos. La vocación de
la Iglesia es proteger y defenderlos con claridad supina. La promoción de los
derechos humanos es una misión indispensable de la Iglesia. Juan XXIII empleó
la expresión de su predecesor Pío XII “signos de los tiempos” como una gran
oportunidad para la Iglesia de proclamar y responder a las necesidades de los
tiempos a la luz del Evangelio.
Quinto,
es la vocación de la Iglesia y de cada cristiano superar la excesiva
desigualdad entre los distintos sectores de la sociedad. Juan XXIII dice que la
persona humana es responsable de sus actos y tiene la capacidad para el
autodominio. (cf MM 55). Ordenar el mundo material y social implica el respeto
de la dignidad de la persona humana. La persona human ha sido creada a imagen
de Dios y está arraigada en una naturaleza física y espiritual que ejerce el
don de la libertad. (cf MM 208). La preocupación de la iglesia por la dignidad
de la persona humana La hace luchar para resistir a los cambios económicos y
políticos que pongan en peligro la dignidad humana y la libertad.