"¿El liberalismo económico como norma suprema?"

P. Eric Skruzny

Vivimos en una sociedad en constante transformación. El entorno en que vivimos, ya sea físico, social o económico está cambiando a distintos ritmos, dependiendo del lugar en que vivamos. No obstante, hay algo que aparentemente sigue estando presente, y me refiero a la dificultad del hombre para establecer una correcta relación con el dinero. Como indica Populorum progressio, en los últimos tiempos se han insinuado ciertos valores en el tejido de la sociedad humana. A menudo se considera que la norma suprema de la economía es la necesidad de beneficio, la libre competencia y el derecho absoluto a la propiedad individual de los medios de producción. El liberalismo a ultranza ha sido condenado por la Iglesia a través del Papa Pío XI.
La iglesia sabe que somos algo más que meros seres socioeconómicos y que la ciencia de la economía se supone que debe estar al servicio del hombre. La persona representa el fin último de la sociedad. La revelación divina nos recuerda la dimensión trascendente de la existencia, que para la vida hay más cosas que el simple aspecto material de la existencia. Uno no existe sólo para producir o solamente para consumir. El valor de una persona no se puede determinar por un balance de resultados. Cuando Dios nos creaba, se trataba del trabajo de un artista, un artista que no reparó en gastos para ello. Envió incluso a Su propio Hijo a morir por nosotros para que descubramos el verdadero valor de esta gran obra de arte.
Dice San Pablo: "Conoced la verdad, y la verdad os hará libres". ¿Cuál es el propósito de esta libertad? ¿Es que el hombre todo lo que desea? ¿Es eso lo que lo llenará? Juan Pablo II afirma que podemos ser liberados del amor a uno mismo desordenado, que es la fuente del desprecio al prójimo y de las relaciones humanas basadas en la dominación. La libertad traída por Cristo en el Espíritu Santo nos devuelve la capacidad, que el pecado nos había arrebatado, de amar a Dios sobre todas las cosas y permanecer en comunión con el. (LC,53)
Pese a que muchas de las estructuras que el hombre ha creado pueden ser negativas, el problema más urgente al que se enfrenta la realidad es el de la enfermedad del corazón que convence que el dinero nos puede hacer felices. ¿Qué es lo que nos conduce a encontrar un sentido en el éxito económico? Es la falta de vida que experimentamos cada vez que nos apartamos de la fuente de vida, es decir de Dios. Por ello, el hombre secularizado de nuestros días para tratar de escapar a esta sensación de pérdida de la vida, de muerte, buscará cualquier medio para encontrar la vida. En esta búsqueda de la vida queremos ganar dinero no para vivir, sino para obtener prestigio, para asegurarnos de que somos amados. Pero existe otra búsqueda, una búsqueda de una vida permanente. Jesús advierte que tengamos cuidado con la avaricia porque la abundancia de bienes no asegura la vida. Recordemos que la verdad es bella en sí misma. La verdad produce la bellaza.