El salario justo

…ut ea se uxoremque et liberos tueri commodum queat…

Prof. Stuart C. Bate OMI

 

La dignidad de la persona humana creada a imagen de Dios, y el valor social del bien común, enraizados en la exigencia del amor al prójimo, dan forma a una Enseñanza Social Católica que exige el respeto mutuo entre las personas y la promoción de la sociedad humana donde todos viven una vida humana plena. La cuestión del salario justo forma parte de esta enseñanza. Los salarios son el fruto del trabajo humano y sirven para permitir al trabajador vivir una vida adecuada en la sociedad (CIC 2434). En las Escrituras, Santiago (5:4) critica duramente a aquellos que pagan salarios injustos. “Mirad; el salario de los obreros que segaron vuestros campos y que no habéis pagado está gritando; y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los Ejércitos”. Y la parábola de Jesús (Mt 20: 1-16) sobre el propietario que contrata trabajadores vemos que paga el mismo salario a los que contrató a distintas horas del día para gran consternación de aquellos que tenían una idea más materialista de la justicia social. La doctrina social católica  afirma la existencia de determinados mínimos básicos que se deben cubrir. Por ello un mero acuerdo entre el empleador y el empleado sobre el salario no es suficiente para establecer satisfactoriamente la recompensa por el servicio prestado (CIC 2434). Los trabajadores se encuentran a menudo en desventaja en este tipo de acuerdos negociados.

 

La enseñanza de la Iglesia sobre el salario justo es muy clara. “La remuneración por el trabajo debe garantizar al hombre la oportunidad de proporcionar una vida digna a él mismo y a su familia en los material, social, cultural y espiritual, teniendo en cuenta el papel y la productividad de cada uno, el estado del negocio y el bien común.” (CIC 2434 cfr. GS 67).  En 1891 el Papa León XIII fue el primero en enseñar sobre esta cuestión en el contexto industrial moderno. Sus palabras se han conservado como fundamento a partir del cual se ha desarrollado esta enseñanza. León escribió que ‘el obrero [reciba] un salario suficiente para sustentarse a sí mismo, a su mujer y a sus hijos” (RN 46). En  1961 el beato Juan XIII afirma la misma enseñanza pero le da una redacción que dice lo siguiente: “que a los trabajadores les corresponda una retribución tal que les permita un nivel de vida verdaderamente humano y hacer frente con dignidad a su responsabilidad familiar.” (MM 71). He citado todos estos textos como ejemplo de la coherencia de dicha enseñanza

 

La cuestión de los salarios justos es una metáfora de la distribución de la riqueza en la sociedad. Las rentas de una sociedad se deben distribuir de tal manera que se afirme el bien común y que a todos se proporcione el acceso a una vida humana digna. La realidad en nuestro contexto global es muy diferente. Las Naciones Unidas presentan un Informe sobre el Desarrollo Humano todos los años calificando la calidad de la vida humana en todas las naciones. Es muy triste ver sobre este continente que en el último informe (2003) los últimos 23 países de la lista son países africanos. De hecho, 39 países africanos se encuentran entre los últimos 50. Sólo hay 9 países africanos en la lista de los 120 primeros; el primero de ellos es Libia, en la posición 61. Esta horrible ofensa contra el pueblo africano es un indicador global de la forma en la que no se comparte la riqueza del mundo según las enseñanzas propuestas por León XIII y por la Doctrina Social Católica posterior.

 

 

CIC  Catecismo de la Iglesia Católica

GS  Gaudium et Spes. Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Moderno. Vaticano II, 1965

MM Mater et Magistra. Carta Encíclica del Papa Juan XXIII. 15 de mayo de 1961.

RN  Rerum Novarum. Encíclica del Papa León XIII sobre el capital y el trabajo. Mayo, 1891

Informe de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo. Índice de indicadores por país. Disponible en http://www.undp.org/hdr2003/indicator/indic_1_1_1.html