La dignidad de la persona humana
creada a imagen de Dios, y el valor social del bien común, enraizados en la
exigencia del amor al prójimo, dan forma a una Enseñanza Social Católica que
exige el respeto mutuo entre las personas y la promoción de la sociedad humana
donde todos viven una vida humana plena. La cuestión del salario justo forma
parte de esta enseñanza. Los salarios son el fruto del trabajo humano y sirven
para permitir al trabajador vivir una vida adecuada en la sociedad (CIC 2434).
En las Escrituras, Santiago (5:4) critica duramente a aquellos que pagan
salarios injustos. “Mirad; el salario de los obreros que segaron vuestros
campos y que no habéis pagado está gritando; y los gritos de los segadores han
llegado a los oídos del Señor de los Ejércitos”. Y la parábola de Jesús (Mt 20:
1-16) sobre el propietario que contrata trabajadores vemos que paga el mismo
salario a los que contrató a distintas horas del día para gran consternación de
aquellos que tenían una idea más materialista de la justicia social. La
doctrina social católica afirma la
existencia de determinados mínimos básicos que se deben cubrir. Por ello un
mero acuerdo entre el empleador y el empleado sobre el salario no es suficiente
para establecer satisfactoriamente la recompensa por el servicio prestado (CIC
2434). Los trabajadores se encuentran a menudo en desventaja en este tipo de
acuerdos negociados.
La enseñanza de
La cuestión de los salarios
justos es una metáfora de la distribución de la riqueza en la sociedad. Las
rentas de una sociedad se deben distribuir de tal manera que se afirme el bien
común y que a todos se proporcione el acceso a una vida humana digna. La
realidad en nuestro contexto global es muy diferente. Las Naciones Unidas
presentan un Informe sobre el Desarrollo Humano todos los años
calificando la calidad de la vida humana en todas las naciones. Es muy triste
ver sobre este continente que en el último informe (2003) los últimos 23 países
de la lista son países africanos. De hecho, 39 países africanos se encuentran
entre los últimos 50. Sólo hay 9 países africanos en la lista de los 120
primeros; el primero de ellos es Libia, en la posición 61. Esta horrible ofensa
contra el pueblo africano es un indicador global de la forma en la que no se
comparte la riqueza del mundo según las enseñanzas propuestas por León XIII y
por
CIC Catecismo de
GS Gaudium et Spes. Constitución Pastoral
sobre
MM Mater et Magistra. Carta Encíclica del Papa Juan XXIII.
15 de mayo de 1961.
RN Rerum Novarum. Encíclica del
Papa León XIII sobre el capital y el trabajo. Mayo, 1891
Informe de las Naciones Unidas
sobre el Desarrollo. Índice de indicadores por país. Disponible en http://www.undp.org/hdr2003/indicator/indic_1_1_1.html