La
base de las normas sociales en Dios
1.
Consideración introductoria
Como
resulta de muchas de las exposiciones de este Encuentro, la doctrina social de
la Iglesia se propone como "un gran movimiento para la defensa de la
persona humana y la tutela de su dignidad" (Centesimus
annus, 3). Durante el siglo pasado, este mensaje
social contribuyó, al menos, a poner límites a la injusticia en el mundo, y a
construir una sociedad más humana.
Esta
claro que "la misión propia que Cristo ha confiado a su Iglesia no es de
orden político, económico y social: el fin que le asignó, de orden
religioso" (Gaudium et spes,
42). Y justamente, de esta misión religiosa surgen logros y luces que pueden
contribuir a construir la comunidad de hombres según los patrones de la justicia.
El motivo por el que la Iglesia se siente llamada a pronunciarse sobre la vida
social es simple: el hombre es una unidad de dimensiones (espiritual, pero
también material y social). Por otra parte, la Iglesia no existe por sí misma:
una salvación anunciada “sin el mundo” produciría “un mundo sin salvación.
2.
Relación entre fe y razón
En
nuestra sociedad pluralista las personas se interrogan justamente sobre el
fundamento y sobre el origen de esta doctrina. ¿Tiene esta doctrina un
fundamento racional, común por lo tanto a todos los hombres o nos encontramos
frente a normas sociales que provienen directamente de un Dios que se revela, y
que por lo tanto ilumina solamente a los fieles cristianos?
Si
por una parte San Gregorio Magno afirma que la fe cristiana no sería verdadera
fe si proviniese solamente de una demostración puramente racional (cfr. PL 76,1197), por otra parte la teología es "intellectus fidei", no una
mera repetición del dato revelado. El cristianismo no es un fideísmo.
Es
verdad que la fe cristiana no puede reducirse a conclusiones extraídas de un
razonamiento, pero también es verdad que no puede dejar de lado la razón. Las
normas morales tienen su origen en el designio de Dios, pero respetan siempre
la razón del hombre.
El
Concilio Vaticano I afirma que el hombre puede conocer la existencia de Dios y
de las normas morales naturales con la sola luz de la razón, pero que no puede
alcanzarlo autónomamente de manera completa y con muchas dificultades (Const. dogm. "Dei Filius",
cap. 2) Por este motivo, afirma el
Concilio, la revelación de estas normas es necesaria para el conocimiento total
del hombre y de la vida social.
3.
La norma suprema de la caridad
Tomemos
un ejemplo ilustrativo. La filosofía griega había entendido ciertamente,
ayudada por el único instrumento de la razón, que el hombre es un ser social.
Pero de la dimensión puramente racional de la sociabilidad humana a la
concepción cristiana de la llamada del hombre a vivir en comunión y a la
centralidad de la virtud de la caridad hay una distancia enorme.
Gaudium et spes
recuerda que cuando Jesús ora al Padre, parar que "todos sean uno, como
también nosotros somos uno" (Jn. 17, 21-22) nos
abre horizontes impensables para la razón humana, y nos sugiere una cierta
similitud entre la unión de las personas divinas y la unión de los hombres por
la caridad (cfr. n. 24). La idea de la vida humana
como similitud de la vida divina intra trinitaria
sería inalcanzable por la sola razón.
4.
En síntesis y para concluir:
1°.
En nuestro ejemplo, no existe ruptura entre el concepto racional de las
dimensiones sociales de la vida humana y la llamada al amor y a la comunión;
existe más bien una continuidad iluminada por el dato de la fe.
2°.
Existen muchas normas morales accesibles a la sola razón (el concepto humano de
justicia, el bien común, la necesidad de la veracidad, etc.) sin embargo esto
no es siempre así (el caso mencionado de la caridad y de la comunión, la
dimensión humana del dolor y el sufrimiento, etc.).
3°.
Frente a los dos extremos, por una parte la total autonomía de la razón para
establecer las normas morales sociales, y por otro la total arbitrariedad de la
ley de Dios, el cristianismo sostiene: la armonía entre la fe y la razón, y la
necesidad de la revelación por el conocimiento completo del hombre y de su
dignidad.
Prof. Hernan Fitte
P.
Universidad de la Santa Cruz
Roma