La compleja realidad del mundo globalizado plantea a los
cristianos desafíos formidables
Prof. Sergio Bernal
La
compleja realidad del mundo globalizado plantea a los cristianos desafíos
formidables. Pero quizá podamos afirmar que la Doctrina social de la Iglesia,
con sus principios, criterios y líneas de acción, es lo que desafía al mundo.
Entre la multitud de problemas que se encuentran en el centro de los procesos
en marcha podemos destacar tres que reclaman una atención especial y a los que
la Doctrina social brinda indicaciones útiles para hallar soluciones justas. En
primer lugar, la pobreza. A pesar de los grandes progresos de la ciencia y la
tecnología, el mundo no ha logrado contener el crecimiento de la pobreza. Pero
es necesario señalar que no podemos reducir la pobreza exclusivamente a la
carencia de bienes materiales. Se trata de un fenómeno pluridimensional, que
implica marginación, imposibilidad de participar plena y responsablemente en
los procesos sociales, políticos y económicos. Se trata, como ha reconocido
recientemente la UNESCO, de una clara violación de los derechos humanos. En
este sentido podemos reconocer el influjo del pensamiento católico.
El
segundo problema se refiere a la cultura que permite a las personas la
necesaria apertura a lo trascendente y a la búsqueda de la verdad. Ocurre un
proceso de homologación cultural que pone en peligro la identidad de las
distintas sociedades y reduce a la persona al papel de productor y consumidor.
El tercer problema es el de la llamada «governance». ¿Cómo poner riendas a los
procesos en marcha que, bajo muchos aspectos, escapan a todo control? La
Doctrina social responde a estos problema de distintas
maneras, pero, en especial, con tres grandes principios.
La
solidaridad, que el Santo Padre ha puesto como base de toda su eseñanza a lo
largo de su pontificado y cuyo fundamento son los misterios de la Encarnación y
la Redención. Las ponencias anteriores ya han ilustrado su importancia. La
subsidiaridad, que debe capacitar a los pobres para tratar de salir, a través
de sus propios medios de la situación de marginación en que se encuentran. Y,
por último, la antropología renovada, que convierte a la persona en sujeto,
fundamento y fin de todas las instituciones en las que se despliega la vida de las
gentes. Para una conmprensión correcta de la Doctrina social, es hoy
indispensable tomar como referencia el gran documento de Juan Pablo II, la
encíclica Redemptor hominis.