TEMA 12: Elementos Centrales de la Revelación Bíblica
sobre Dios
12.1) Antiguo Testamento: la presencia salvífica del Dios de Israel
12.2) El Nombre de Dios
12.3) Las Manifestaciones del Amor Paterno de Dios, Núcleo Central de la
Revelación Neotestamentaria del Misterio de Dios
12.4) La Revelación del Padre en Jesucristo: Jesucristo, Hijo de Dios,
Verbo Eterno, hecho Hombre
12.5) El Espíritu Santo en los Textos del Nuevo Testamento
12.1 Antiguo Testamento: la presencia salvífica del Dios de Israel
La Biblia nos habla de un Dios "que salva". La idea de salvación
tiene, a lo largo del AT, un desarrollo continuo de que sólo Dios puede salvar
al hombre. Dios ofrece la salvación, no la impone. La historia de Israel es una
historia de salvación cuyo autor es Dios.
Desde un punto de vista filológico el término salvación procede de la raíz
hebra "yeshá" que significa "ser extenso",
"largo"; lo que indica es ayuda contra el opresor, ayuda bélica, pura
ayuda material o solución a situaciones difíciles.
Detrás de la salvación está Yahweh (sacó al pueblo de Egipto, etc.); sólo
en El se puede confiar. En los salmos se desarrolla que Dios es el Dios
victorioso de Israel. También salvación significa la "ayuda del tiempo
final". Fuera de El no hay salvación (Is 43,11). Israel siempre tiene
presente una liberación, una salvación escatológica, salvación mesiánica. El
verdadero elemento de la esperanza de Israel no es tanto histórico sino
escatológico con una felicidad futura cercana a la noción de vida eterna.
En el libro de los Jueces, Dios se sirve de hombres como mediadores de la
salvación; son guías suscitados por Yahweh. Se introduce la figura de
mediadores de la salvación.
Con Isaías se introduce la dimensión universal del mensaje de salvación. Destruidos
los dos Reinos (Norte y Sur), quedan rotas las seguridades humanas; Israel no
se puede salvar por sí mismo. Del destierro surge la nueva promesa y
comprensión de la salvación que sólo viene de Dios. Es una especie de nuevo
éxodo: un nuevo Israel, purificado y fiel a Dios.
El siervo de Yahweh es la nueva figura mesiánica que "salva a todos
los pueblos" (Is 49,6); será luz para todos los pueblos. Esa salvación
será por medio del dolor (Is 53,13).
Hay una especie de tensión entre cumplimiento y salvación; aunque ya se
está experimentando, la salvación todavía no es plena. También hay una estrecha
relación entre salvación colectiva y salvación individual.
12.2 El Nombre de Dios
Como consecuencia de la incomprehensibilidad de Dios se sigue la
inefabilidad por la que ningún nombre pude ser adecuado para expresar, de modo
conveniente, la Esencia divina. Es por esto, por lo que la Biblia designa a
Dios con muchos nombres diversos, inadecuados en sí mismos, pero cada uno hace
referencia a un aspecto o perfección de la esencia divina, manifestando en su
conjunto una riqueza inagotable.
Los principales son, en hebreo:
- El: "Dominus" y "Fortis", nombre común e
indeterminado; frecuentemente unido a "Shaddai"
("Omnipotens").
- Elohim: plural mayestático del anterior; después de Yahweh es el nombre
mas usado en el AT.
- Adonai: "Dominus meus" o sólo "Dominus", que se
atribuye al solo Dios y expresa el reconocimiento de su supremo dominio.
- Yahweh: el más usado -más de 6000 veces-, que quiere decir "Qui
est", y es el nombre más propio de Dios. Dios mismo lo revela en la
primera aparición a Moisés (Ex 3,14). Es el nombre mas adecuado a Dios, o mejor
dicho, el menos inadecuado, como la Tradición de la Iglesia siempre lo ha
entendido, porque con él se expresa que Dios es el "Ipsum Esse
Subsistens"; y en esto consiste la esencia metafísica de Dios (aquella
noción de Dios, propia y fundamental), fuente y fundamento de todas las otras
perfecciones divinas: el modo propio y exclusivo de ser de Dios es que El sea
su Ser Subsistente, o sea, que en El se identifiquen el Ser y la Esencia.
12.3 Las Manifestaciones del Amor Paterno de Dios, Núcleo Central de la
Revelación Neotestamentaria del Misterio de Dios
El Nuevo Testamento más que un discurso nuevo de Dios, lo que tiene es un
sentido nuevo de Dios y de la comunión con El. Al mismo tiempo que se sitúa con
el Antiguo Testamento, también marca la distancia al dar el gran matiz o la
gran luz de Dios "Padre".
La enseñanza de Cristo no es tanto una teórica sino que mueve a una
relación con Dios. El núcleo central de la revelación neotestamentaria es que
Jesús es el Hijo Unigénito de Dios y al mismo tiempo que Dios es el Padre. Si
en Dios hay uno que es Hijo Unigénito, también hay uno que es Padre; hay un
Hijo de Dios en sentido estricto y un Padre en sentido estricto.
Es común que la designación de Dios como Padre sea tenida entre los
exegetas como algo propio de Jesús ("verba Christi"). Es muy
frecuente encontrar la palabra "padre" en boca de Jesús. El usa la
expresión "Abba" y esto es tenido por la exégesis, como el
tratamiento personal de Jesús con el Padre. Esta palabra expresa la profunda
intimidad con el Padre, al mismo tiempo está dicha en el contexto del Reino;
ese Dios que es "Abba" es también el Creador todopoderoso, Juez, etc.
Se podría decir que la enseñanza de Cristo acerca del Padre tiene dos
puntos importantes:
a) Cristo identifica la llegada del Reino, con El mismo; lo nuevo aquí es
que ese Reino es anunciado bajo la perspectiva del perdón, bajo la perspectiva
del Padre que ama a sus hijos.
b) Su modo de actuar es expresión de cómo es Dios (por ejemplo, parábola
del hijo pródigo). Dios es misericordioso y las acciones de Cristo ponen de
manifiesto su amor infinito desde la perspectiva de la paternidad.
En Mt 6,9 Cristo nos enseña el Padrenuestro; enseñar quién es el Padre es
como la totalidad de su mensaje. En el NT la palabra Padre es casi sinónimo de
Dios. El misterio trinitario es el misterio del Padre y de su amor.
En San Juan el Hijo es el revelador del Padre (Jn 1,18). Y en San Pablo
Dios es Padre de Cristo y en Jesucristo Padre de nosotros; la posibilidad de
invocar a Dios como Padre nos ha sido dada por el Hijo en el Espíritu Santo (Rom
8,14-17).
12.4 La Revelación del Padre en Jesucristo: Jesucristo, Hijo de Dios, Verbo
Eterno, Hecho Hombre
Cristo en su predicación habla fundamentalmente del Reino de Dios que
llega. Ese Reino está indisolublemente unido a su propia persona; hay una
relación entre su persona , su mensaje y el hecho escatológico. Todo esto es un
modo de mostrar implícitamente quién es El. Esto nos lleva a señalar cómo en el
NT hay muchos pasajes que revelan la divinidad de Jesús:
A. Pasajes que utilizan la expresión "pero Yo os digo..."
contraponiendo la palabra del AT a la suya y trascendiendo la Ley.
B. Pasajes que muestran el comportamiento de Cristo. Su actitud con los
pecadores al admitirlos en su mesa es como admitirlos al banquete escatológico
y es un signo del trato de amor misericordioso de Dios.
C. Pasajes en los que invita a su seguimiento; estos señalan que sólo hay
un único Maestro y que el vínculo con este va mas allá del docente, es una
comunidad de vida, es un seguimiento radical inaudito, solo a Dios se le puede
seguir así.
D. Pasajes en los usa la palabra "Abba". Jesús siempre habla
de"mi Padre y de vuestro Padre" expresando que su unidad y relación
con el Padre no es compartida de igual manera con nadie. Se manifiesta una
unidad vital en el ser, una unidad operativa, una relación cuya culminación la
encontramos en San Juan: "Yo y el Padre somos una misma cosa" .
En San Pablo aparece la preexistencia de Cristo como el Hijo. Este que ha
muerto y resucitado ya preexistía y ha vuelto al Padre. La Cruz y la
Resurrección son salvíficas porque Cristo es quien es, el Hijo del Padre.
Por su parte, para San Juan "el Verbo estaba en Dios y el Verbo era
Dios". Lo que dice es algo muy nuevo, es que el Logos ha entrado en
la historia y él lo ha visto; no es una forma mítica sino un hecho histórico.
El Logos es personal, no es una idea. La Palabra, la mente de Dios, existía
delante de Dios; orientado ontológicamente frente a Dios tiene subsistencia
personal, carácter divino.
12.5 El Espíritu Santo en los
Textos del Nuevo Testamento
La actuación salvífica del
Espíritu de Dios, progresivamente revelada en el AT, alcanza su punto
culminante en su relación con la promesa mesiánica. Lo que ha sido en los
tiempos pasados de Israel fuerza poderosa de Israel, será también poder estable
de Mesías, inspiración de su gobierno y hasta patrimonio del pueblo de los
tiempos esperados. La plenitud mesiánica del NT es, por lo mismo, plenitud de
la presencia del Espíritu, y los textos inspirados subrayan esta novísima
realidad con un lenguaje característico, cuyo principal vocablo va a ser el
verbo "didwmi" y sus derivados. Lo fundamental del NT, en referencia
al Espíritu divino, es su "dosis", la donación prometida y realizada,
en la que se establece el tiempo nuevo y definitivo de la relación de Dios con
los hombres.
La actuación salvífica del
Espíritu propia del AT, es realzada en el NT por su "donación". Esto
es lo más característico de la revelación pneumatológica del NT, junto a las
cuestiones referidas al origen. El don del Espíritu Santo es revelado como la
señal propia del tiempo de la plenitud cristiana, como marca singular del
cristiano: lo específico suyo.
En el NT el término
"Espíritu", solo o acompañado del adjetivo "Santo", tiene
un significado especial hipostático. Ya sea por la naturaleza de su acción, ya
por las relaciones que guarda con el Padre y con el Hijo; ya sea porque aparece
"connumerado" con ellos y porque se les contrapone en relaciones
personales de origen, debe ser entendido "tan personalmente" como
entendemos al Padre y al Hijo.
Veamos algunos pasajes:
A. Sinópticos: a) Anunciación (Lc
1,26-36), b)Bautismo de Cristo (Mt 3,16), c)La fórmula trinitaria del Bautismo
(Mt 28,19). Aquí hay que decir que el hebraísmo "en el nombre",
indica exactamente a la persona.
B. Cartas paulinas: a)"somos
templo de Espíritu Santo" del mismo modo que los somos de Dios Padre (1Cor
3, 16-17), b) Realiza funciones divinas, conoce los secretos del Padre (2Cor 6,
16), c) Nos santifica (Rom 8,9), y nos comunica la adopción filial (Rom
8,14-15).
C. San Juan: Habla del
"nacer del Espíritu" (Jn 3,5-6). La interpretación que hace del
"río de agua viva" entendiéndolo del Espíritu Santo coloca a esta
Persona en el centro de la santificación cristiana. Para San Juan se trata de
una verdadera persona, a la que puede llamar hasta otro "Paráclito"
(Jn 14,15-17). De este Paráclito se afirma: a) la misión del Padre (Jn
14,15-17), b) la misión del Hijo (Jn Á5,20), y c) la inhabitación (Jn 14,17).