Tema 21: La Humanidad de Cristo
21.1) Testimonio bíblico sobre la
perfección humana de Jesús.
21.2) Conciencia mesiánica de
Cristo.
21.3) La explicación teológica
sobre la perfección de la humanidad del verbo
encarnado: Santidad y Gracia; ciencia; voluntad y libertad impecables.
21.4) Coexistencia en Cristo de
la plenitud de la gracia y de la condición de viador.
21.1 Testimonio bíblico sobre la
perfección humana de Jesús
Cristo es el Mesías prometido, el
Redentor del género humano: toda la Escritura se
refiere a El como centro de la atención y de la esperanza del hombre. La
perfección humana de Cristo aparece testimoniada en la Escritura
constantemente: -de modo implícito: en cuanto que es
el Mesías y libertador, el deseado de todos los pueblos, por cuanto sus días
son plenitud de los tiempos, por cuanto es el Modelo y el camino que todos
deben seguir; -de modo explícito: atestiguando específicamente la perfección de
su ciencia, de su gracia, etc.
Así lo expresa Sacrosanctum Consilium , n. 5: "Dios, el que quiere que todos los
hombres sean salvos y vengan al conocimiento de de la verdad (1 Tim 2,5),
después de haber hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a
nuestros padres por ministerio de los profetas (Heb 1,1), cuando llegó la
plenitud de los tiempos, mandó a su Hijo, el Verbo hecho carne, ungido del
Espíritu Santo, para anunciar la buena nueva a los pobres, devolver la salud a
los contritos de corazón, 'como médico de la carne y del espíritu' y Mediador
entre Dios y los hombres. Su humanidad, unida a la Persona del Verbo, fue
instrumento de nuestra salvación"
21.2 Conciencia Mesiánica de
Cristo
En todos los actos de Jesús de
Nazaret se manifiesta destacadamente su conciencia de tener una misión divina
que cumplir. El mandato del Padre es para él una
legítimación y un deber. La conciencia de su misión divina ("He sido
enviado", "He venido") es el rasgo característico de la imagen
evangélica de Cristo. En esta conciencia se fundan la sublime seguridad de su
actuación y la constante claridad del fin a que
tiende.La certeza de su misión está relacionada con la conciencia de su
preexistencia y de ella recibe su carácter y su fuerza singular. Jesús es
siempre consciente de las consecuencias que se derivan de su misión divina.
Procede como quien tiene poder (Mc 1,27). Sólo esta conciencia de su misión
divina explica la Extraordinaria libertad con que Jesús se enfrenta a las cosas
del mundo y la sensaciónque tiene de ser ajeno al
mundo (Mt 10,17). Explica también su inconmovible obediencia a la voluntad del Padre. Todas las expresiones indican lo mismo: Jesús
tiene conciencia de haber sido enviado por Dios para
publicar y realizar la buena nueva de la salvación divina.
21.3 La explicación teológica
sobre la perfección de la humanidad del Verbo
Encarnado: Santidad y Gracia; ciencia; voluntad y libertad impecables.
Santidad y Gracia
En Cristología se habla de que
existe en Cristo una triple gracia: la gracia de unión Ñes decir, la unión
hipostática considerada en su aspecto de don o gracia otorgada a la humanidad
de JesúsÑ, la gracia habitual Ñla gracia que llamamos
santificanteÑ, y la gracia capital, es decir, la gracia que Cristo posee en
cuanto cabeza de
Esta santidad es llamada
sustancial. porque no se puede estar más unido a Dios,
ni pertenecer más a El, que como hijo natural. Jesús es santo sustancialmente
también en su naturaleza humana. Por esta razón, Jesús es adorable también en
su humanidad: esta humanidad es santa sustancialmente con la santidad de Dios.La gracia de unión, sin embargo, hace muy congruente
que se otorgue a Cristo la gracia habitual Ñla gracia santificanteÑ en toda su
plenitud junto con las virtudes infusas y los dones del Espíritu Santo. En
efecto, aunque por la unión hipostática la humanidad de Cristo haya sido santificada,
sin embargo permanece en sí misma simplemente humana, sin haber
sido divinizada con esa transformación accidental que eleva la naturaleza y las
operaciones del alma hasta el plano de la vida íntima de Dios.
Son tres las razones que suelen
aducirse para afirmar la existencia de la gracia habitual en Cristo: 1) la
proximidad de la humanidad de Cristo a la fuente de la gracia, el Verbo; 2) el
alma de Cristo, por su cercanía al Verbo, debía alcanzar a Dios lo mas íntimamente posible por medio de sus operaciones de
conocimiento y amor, para lo que necesitaba la elevación de la gracia; 3)
Cristo, en cuanto hombre, es cabeza de todos los santos, con una capitalidad
que debía redundar en los demás: Jn 1, 16
Las virtudes que son exclusivas del status viatoris, como la fe y la esperanza, o las que
incluyen en sí una imperfección, como la virtud de la penitencia, no están
formalmente en Cristo, pero lo que tienen de perfección se encuentra en El
asumido en una perfección superior. También estuvieron en Cristo todas las
gracias gratis datae y todos los carismas, como corresponde "al primer y
principal Doctor en la Fe" (STh III, q.
Toda la tradición ha afirmado
constantemente no sólo la santidad de Cristo, sino su plenitud de gracia.
También existe unanimidad en la afirmación de que Cristo tuvo plenitud intensiva
de gracia, es decir, en cuanto a su perfección, y plenitud extensiva, es decir,
en cuanto a los dones y gracias a que se extiende. Las razones son que esta
plenitud debía estar en Jesús por su unión con el Verbo y por su misión de
Cabeza de la humanidad.
La gracia de Cristo en cuanto
gracia capital trata de la gracia que conviene a Cristo en cuanto que es Cabeza
de la Iglesia y Mediador de todos los hombres. La expresión de Cabeza y Cuerpo
místico, tan usadas por San Pablo, (cfr p.e. Rom 12, 4-6, etc), se aplica a
Jesucristo por analogía con la cabeza y el cuerpo físicos del
hombre. En concreto, se dice de Cristo que es Cabeza del
Cuerpo místico por su conformidad con el cuerpo Ñes hombre, de la misma
naturaleza que aquellos de quienes es cabezaÑ, y, sobre todo, porque de El, en
cuanto cabeza, fluye la vida a los miembros y da unidad al cuerpo.
Ciencia
Afirmar que en Cristo existen dos
naturalezas perfectas, la divina y la humana y, en cosecuencia, dos
operaciones, una divina y otra humana, implica, como es obvio, afirmar que
existen en Cristo dos modos de conocer: uno divino y otro humano, el cual se
encuentra en la base de sus elecciones humanas libres y, en consecuencia, de su
capacidad para merecernos la salvación.
1. La ciencia divina y la ciencia
humana de Cristo:El acto de conocer del Verbo en
cuanto Verbo es común a las Tres Divinas Personas, como es común todo lo que
existe en la Trinidad fuera de la relationis oppositio. Se
trata de la ciencia increada. La afirmación de un conocimiento humano en
Cristo es patente en todo el Nuevo Testamento (cfr p.e., Lc 2, 52).Y aunque no ha existido intervención directa del
Magisterio sobre la existencia en Cristo de ciencia humana, esta verdad se
encuentra implícitamente definida al afirmarse que existe en Cristo alma
racional, y al afirmar que en El cada naturaleza obra lo que le es propio.
2. Visión beatífica, ciencia
infusa y ciencia adquirida.:a) Visión beatífica. La
mayor parte de los teólogos a lo largo de los siglos ha admitido en Cristo la ciencia de visión o visión beatífica, es decir, la visión
intuitiva de la Divinidad a la que se refiere S. Pablo con la expresión
de ver a Dios cara a cara (cfr 1 Cor 13, 12) y S. Juan al decir que conoceremos
a Dios tal como El es en sí mismo (cfr 1 Jn 3, 2). Una de las razones más
poderosas para afirmar la existencia de ciencia de visión en Cristo se
encuentra en aquellos textos del NT en que se habla de
que El Hijo ha visto al Padre, da testimonio del Padre (cfr p.e., Jn 3, 11 y
32; 6, 46; 8, 38 y 55). La ciencia de visión parece exigida también en Cristo
por el carácter de su Mediación: "El es el Mediador, aquel que une a los
hombres con Dios; y la visión beatífica es el culmen de esta unión, su
acabamiento. No se puede admitir que El haya tenido necesidad de ser unido a
Dios en cuanto hombre, porque habría tenido necesidad de mediación siendo El el
primero y único mediador". La plenitud de santidad y gracia existente en
Cristo parece exigir también la ciencia de visión. En efecto, la unión
intuitiva y facial de Dios no es un don accidental añadido y separable del supremo grado de gracia, sino que es en sí misma el
desarrollo supremo de la gracia, la suprema unión del alma con Dios. De ahí que
negarle a Cristo la ciencia de visión implique necesariamente negarle la
plenitud absoluta de gracia y unión de su alma con la Trinidad.
b) Ciencia infusa.:Se llama ciencia infusa aquel conocimiento que no se
adquiere directamente por el trabajo de la razón, sino que es infundido
directamente por Dios en la inteligencia humana. Piénsese, p.e., en el
conocimiento profético, que no es un pronóstico, sino un verdadero y firme
conocimiento del futuro. La mayor parte de los
teólogos a partir del medioevo enseñan que Cristo gozó
de ciencia infusa. Se apoya este convencimiento en el principio de perfección
con que acceden al estudio de la ciencia humana de Cristo: puesto que la
inteligencia humana de Cristo era capaz de recibir la ciencia infusa, debía
recibir esta ciencia. Los textos del NT no son
apodícticos en este sentido. Sin embargo, no se deben minusvalorar aquellos en
que se habla de un conocimiento sobrenatural de Cristo, conocimiento que puede
atribuirse al don profético de Jesús, conocimiento de cosas que Jesús no podía
conocer por los recursos ordinarios de su ciencia adquirida.
c) Ciencia adquirida. :Por ciencia adquirida se designan aquellos conocimientos
que el hombre adquiere por sus propias fuerzas, a partir de sus sentidos; esa
ciencia de que habla p.e., San Lucas mostrando a jesús adolescente que crece en
sabiduría, edad y gracia (cfr Lc 2, 52). Se trata de
un conocimiento experimental, que progresa con los años, el esfuerzo y
Voluntad y libertad impecables:
Existe en Cristo una doble voluntad: la voluntad divina y la voluntad humana,
correspondientes a las dos naturalezas -la divina y la humana- que se
encuentran perfectas en Cristo.Nuestro Señor ora en el
Huerto diciendo: No se cumpla mi voluntad, sino la tuya (Mt 26,39). En estas
palabras pone de relieve no sólo que tiene una voluntad humana distinta de
La libertad humana de Cristo.:Es de fe que Cristo tuvo libertad humana y libre albedrío.
En efecto, la libertad pertenece a la integridad de la
naturaleza humana, pues a la existencia de inteligencia y de la voluntad sigue
necesariamente la capacidad de elegir. La existencia de libertad humana
en Cristo y de su capacidad de elegir no sólo se encuentra implícita en
aquellos lugares en los que se afirma que Jesús es hombre
perfecto, sino también en aquellos otros en los que se dice que Cristo obedeció
a su Padre o que mereció por nosotros (cfr p.e., Fil 2, 5-11; Jn 5, 30).
En efecto, sin auténtica libertad es imposible obedecer y merecer. También para
merecer se requiere gozar de libre albedrío, es decir tener voluntad libe de
coacción externa y de necesidad interna
La impecabilidad de Cristo, y su
libertad.:Consecuencia de la unión hipostática, de la
santidad sustancial y de la infinitud de gracia habitual es la afirmación
unánime en torno a la ausencia de pecado en Cristo Ñla impecanciaÑ y a su
incapacidad de pecar, su impecabilidad.
He aquí algunas de las
principales razones: 1)Las personas son las que responden de las acciones
realizadas a través de su propia naturaleza; si Cristo hubiese cometido pecado,
sería la Persona del Verbo la que habría pecado a
través de su naturaleza humana; 2) La santidad infinita de Cristo es incompatible
con cualquier sombra de pecado; 3) Finalmente, su misión de Redentor Ñes la
argumentación que hemos visto usada por el Concilio de EfesoÑ, era contraria a
que Cristo cometiese pecado. El es el sacerdote santo que no necesita ofrecer
víctimas y sacrificios por sí mismo, sino sólo por sus hermanos, y no hubiese
sido modelo perfecto si hubiese habido pecado en El.
Las tentaciones de Cristo: En
razón de la unión hipostática, Cristo era esencialmente impecable. También en
razón de la unión hipostática y de su carencia de pecado, Cristo careció del fomes peccati, es decir, del desorden introducido en el
hombre por el pecado original. En consecuencia, Cristo no experimentó la
tentación ab intrinseco, desde dentro. Esto no quiere decir que no hubiese en
el alma y en la carne de Cristo apetencia de lo que era bueno
para ellas y rechazo de lo que les era nocivo, o que Cristo no tuviese las
pasiones humanas. Decir que Cristo no padeció el desorden de la concupiscencia
no equivale a decir que no tuvo sensibilidad. Al contrario,
se encuentra adornado de una sensiblidad exquisita, como se muestra en sus
reacciones, en su predicación, en sus parábolas. Jesús siente hambre y apetece
el comer; tiene sed y sueño, y siente la apetencia de saciarlos; se indigna con
ira santa; experimenta el gozo de la amistad; llora con auténtico dolor de
hombre; siente miedo y angustia ante la muerte (cfr Mt 26, 37-38). Su
naturaleza humana, santa y rectamente ordenada, rechaza lo que le hace daño,
como son los tormentos y la muerte, sin que ese rechazo sea desordenado, sino
todo lo contrario. Esa misma naturaleza humana, con su acto libre, domina la repulsión
que le provocan los tormentos, obedeciendo al Padre. En su materialidad, las
tres tentaciones relatadas por los Sinópticos apuntan hacia el mesianismo de
Cristo, y guardan un estrecho paralelismo con la interpretación terrena que el
judaísmo daba al papel del Mesías. Satanás tienta a
Jesús para que oriente su mesianismo en mezquino provecho propio y contra la
voluntad del Padre. De hecho, Jesús tuvo que rechazar
a lo largo de su vida las presiones de su ambiente, incluso de sus discípulos,
contrarias al plan del Padre. Es la misma tentación
que le propondrán los judíos, cuando está ya en la cruz: Si eres el Hijo de
Dios, baja de la cruz, y creeremos (Mt 20, 20-22; Mc 10, 37-38).
21.4 Coexistencia en Cristo de la
plenitud de la Gracia y de la Condición de Viador
La principal dificultad que la
existencia de ciencia de visión en Cristo presenta al teólogo estriba en que,
al admitirla en Cristo, hay que admitir también que El, durante su vida terrena
fue al mismo tiempo viador y comoprehensor., es decir,
está al mismo tiempo en estado de caminante con las características que este
estado implica -capacidad de merecer,etc.-, y en estado de término , es decir,
habiendo llegado ya al final de su destino humano. Esto parece en sí mismo
contradictorio. En cualquier caso, es necesario subrayar la veracidad del caminar terreno del Señor, un caminar compartido con los
hombres de su época y de su entorno. Así es como aparece en los Evangelios. Y
es en razón de este estar en camino como el Señor puede redimirnos. Como para
cualquier otro hombre, el tiempo de merecer termina para Cristo con
Repetidamente afirma Santo Tomás
que coexisten en Cristo el estado de caminante y el de comprehensor:
"Viador es el que marcha hacia la bienaventuranza; bienaventurado es el
que descansa en ella (...) El alma de Cristo, antes de su Pasión, gozaba
plenamente de la visión de Dios y, por tanto, poseía la bienaventuranza propia del alma. Mas fuera de éste, le faltaban los demás elementos
que integran la bienaventuranza, pues su alma era pasible, y su cuerpo pasible
y mortal (...). Por consiguiente, en cuanto poseía la bienaventuranza propia
del alma, era bienaventurado; y en cuanto tendía a aquellos elementos de la
bienaventuranza que aún le faltaban, era a la vez viador".
Santo Tomás se limita, como buen
teólogo, a aceptar sin limitaciones los datos que le ofrece el NT. En efecto,
mientras que, por una parte los evangelios presentan a Jesús como compañero de
camino en esta tierra, de forma que es claro que su vida marcha hacia la
consumación de la muerte (es decir, está en estado de caminante), por otra
parte, al ser el Unigénito del Padre también en su
Humanidad, es obvio afirmar que se encuentra en estado de término. Pues si el
estado de término no consiste en otra cosa que en la definitiva unión con la
Divinidad, no hay unión con Dios más estrecha e irreversible que la unión
hipostática. Mantiene al mismo tiempo que "es imposible que el mismo
sujeto y bajo el mismo aspecto camine hacia su fin y a la vez descanse en
él" (STH. III, q.15,a.10). Por ello, señala que
Cristo está en estado de caminante en cuanto a la pasibilidad del alma y del cuerpo, mientras que, en cuanto a lo profundo
del alma, se encuentra ya en estado de término (Viador y Comprehensor en
relación a dos términos formalmente diferentes).