Tema 51 La Virtud de la
Fortaleza
1. Concepto,
Esencia de la Fortaleza
1. Definición:
recta disposición del apetito irascible que robustece el ánimo frente a todo
peligro o adversidad que se deriva de querer hacer el bien o rechazar el mal,
sobre todo frente a la muerte.
Virtud
cardinal que tiene por sujeto al apetito irascible en cuanto subordinado a la
razón, y por f’n remover los impedimentos
provenientes de las pasiones de temor y temeridad, para que la voluntad no deje
de seguir los dictados de la recta razón frente a los peligros graves o grandes
males corporales, llegando, si es preciso, hasta la muerte.
Término: fortis-e: que abarca tanto el concepto de fuerza fisica, como el de energía de ánimo, entereza interior del
hombre (quizá flaco pero heroico).
Fuerza # violencia: fuerza es la potencialidad activa de un ser e implica, para
éste, una perfección.
2. Acepciones:
Séneca:
fortaleza del ánimo.
Filosofía
clásica, escolástica: energía del espíritu, no meramente fuerza de la voluntad,
sino también buscar posibilidades de usarla, etc.
S. Tomás:
potencialidad activa; saber poner en juego toda la potencialidad de que el
hombre es capaz.
Filosóficamente:
es una cualidad con dos acepciones:
- una
condición de toda virtud o cualquier potencialidad activada. Etica a Nicómaco, II: Toda virtud
debe ser firme y estable, pues si no, no sería virtud.
- como virtud:
es una potencialidad del hombre, con materia y objeto propio.
3. Sujeto y
fin
sujeto:
apetito irascible, no en sí mismo, sino en cuanto subordinado al dictado de la
razón; es decir, en su potencia obediencial respecto a la razon.
A causa del pecado original, el apetito irascible puede escapar del dominio de
la razón, se requiere, por tanto, en este apetito una disposición estable que
le haga obedecer fácil y prontamente a los dictámenes de la razón.
objeto: el
objeto sobre el que recae es doble: superar el temor y moderar la audacia:
-el temor, que
provoca un retraimiento frente al mal que amenaza, un apartarse del bien por
temor
-la audacia,
que inclina a atacar ese mal.
función: la
función de la fortaleza consiste en noceder al temor,
en perseverar en el bien o en su bœsqueda, superando
la inhibición que produce el miedo, y moderando la agresividad propia de la
audacia.
fin: remover
los impedimentos provenientes de las pasiones del temor y de la audacia
(temeridad) para que la voluntad siga los dictados de la recta razón frente a
los peligros graves o grandes males físicos/corporales. Permite que la voluntad
siga fielmente los dictados de la razón. Nótese que el fin no consiste
principalmente en superar temores y audacias, sino en moderarlos en razón de y
para obrar el bien. No sólo ordenar estos al bien, pues también se es fuerte ordenándose
al mal y eso no es verdadera fortaleza, pues hace al hombre malo.
Por tanto, la
esencia de la fortaleza no es vencer dificultades, sino obrar el bien cueste lo
que cueste.
S. Th., II-II, 123, 1: fortaleza es fortitudo
mentis, pues consiste en una actividad fortísima del
alma para adherirse firme y constantemente al bien, a pesar de las
dificultades. La moral cristiana consiste, en resumen, en estar dispuesto a
morir antes que pecar.
4. Explicación
de su lugar propio entre las virtudes cardinales.
Es función de
toda virtud ordenar al bien: más principal y mejor virtud será la que, de suyo,
más y mejor ordene el bien.
Es la tercera
virtud cardinal, después de la justicia y prudencia (pues estas no sólo ordenan
al bien sino que son constitutivas del bien, en la voluntad y en la
inteligencia, respectivamente, como sujetos propios).
Y antes de la
templanza (que, junto con la fortaleza, son virtudes conservativas del bien, es
decir, hacen que, de hecho, el hombre se dirija al bien - no quedarse en lo
teórico, liberan el hombre de todo que le aparte del bien sobre todo de los
apetitos desordenados; pero como el temor a un peligro grave es m‡s fuerte que el amor a un bien concupiscible, por tanto,
ordena m‡s al bien la fortaleza).
La fortaleza
ocuparía el tercer lugar, porque el temor a los peligros graves es mucho m‡s fuerte y eficaz para apartar al hombre del bien que la
atracción de los bienes concupiscibles. Es más difícil vencer un temor intenso
que apartarse de un placer.
5. Tipos de
actos externos que parecen fortaleza pero que, sin embargo, no son verdadera
virtud; falsas fortalezas:
- No conocer
la magnitud del peligro, y actuar imprudentemente; o conociendo la magnitud del
peligro, confiar en las propias fuerzas imprudentemente. El optimismo iluso e
ingenuo. Se afronta una situación difícil como si no lo fuera, por presunción o
falta de visión.
- Cuando uno
obra incontrolablemente por pasión; por ejemplo, con ira descontrolada. Está
ausente la dirección racional del juicio prudencial.
- Cuando se
realizan actos que parecen de la fortaleza, pero sólo en orden a bienes
temporales o para evitar incomodidad. Falta la necesaria ordenación de la recta razon,
y la adhesión firme al bien que, en el fondo, hace referencia al Sumo Bien.
Puede haber ordenación de la ratio pero no de la recta ratio.
2. Enseñanza
Bíblica.
Los vocablos
bíblicos que hacen referencia a la fortaleza son múltiples: en hebreo: hayil, geburah, 'oz,.... En
griego: dynamis, kratos, isjis,....En latín: fortitudo, virtus, vis...
La fortaleza,
en la S. E., tiene un matiz eminentemente teocéntrico. Se distingue de
concepciones filosóficas, modernas y antiguas, donde
-o se exalta y
se sitúa al hombre en un plano de autosuficiencia tanto física como espiritual
-o pretenden
verse libres de la fortaleza y sus exigencias, en su incondicional optimismo
por esta vida y su aburguesamiento metafísico, como sucede con el liberalismo
ilustrado.
1. AT
Se alaba la
fortaleza de la Sabiduría: La sabiduría debe ser fuerte. Con sentido
teocéntrico, religioso, como virtud sobrenatural; no exalta tanto al hombre en
cuanto hombre; es un don de Dios sobre todo: de la fortaleza de Dios participa
el pueblo para conseguir los bienes terrenales (tierra prometida) como los
espirituales (cumplimiento de la Ley). Esta fortaleza se interpreta en una
línea salvífica, política y religiosa.
2. NT. La
fortaleza se interioriza. El matiz teocéntrico pasa a ser cristocéntrico:
Cristo está en la raiz y origen de la fortaleza. La
lucha y el combate con que el cristiano se compromete ante las exigencias de la
caridad, se sintetizan en el esfuerzo por permanecer fiel y firme en la verdad,
afrontando con paciencia y valent’a los peligros que
provienen de uno mismo y del enemigo.
La fortaleza
que brinda Cristo, supone el reconocimiento previo de la propia debilidad.
Antes morir
que ser infiel. Es una virtud humana que se puede elevar a lo sobrenatural.
Está relacionada con la fe y con la esperanza: Sacrificio de la cruz: sumo
grado de la fortaleza en el martirio. Bienes superiores a la vida humana.
Mt 10, 28:
"No tengais miedo a los que matan al cuerpo y al
alma no pueden matar; temed más bien a los que pueden matar al alma."
Debe ser
precedida por un acto de humildad, para reconocer que contra el pecado y sobre
todo contra el demonio, sus solas fuerzas no son suficientes. Se enfrenta a
fuerzas que le superan. S. Tomás dice que el hombre sin gracia frente al
demonio se puede echar a temblar. Lo que más le maravilla en el mundo
(preguntado después de un éxtasis) es que el hombre puede dormir estando en
pecado mortal.
La fortaleza
cristiana es, por tanto, una realidad espiritual basada en la aceptación de la
Palabra de Dios, y en la seguridad de la consecución de los bienes arduos e
imperecederos del Reino de los Cielos (esperanza). Una realidad moral con la
que el cristiano, reconocida previamente su debilidad radical, se mantiene
firme en la Verdad de Dios y se enfrenta a los peligros de las tinieblas de
este mundo, y a los poderes del pecado y de la muerte.
2 Cor 12, 9: cuando parezco débil, entonces es cuando soy
fuerte. La victoria del espíritu sobre la carne, "te basta mi
gracia". Esta virtud viene sólo de Dios (2 Cor
4, 7; 1 Cor 2, 1; 1 Tim 1, 12...): actúa sobre la
incapacidad del hombre caído en orden a las cosas del Espíritu.
La concesión
de este don está condicionada a un reconocimiento humilde y consciente de
nuestra debilidad y de la existencia de un enemigo insidioso, dominador y
poderoso (Efe 6, 10).
3. Naturaleza
de la Virtud de la Fortaleza
1. En sí, la
fortaleza es una virtud insuficiente. En cuanto disposición firme del alma para
el cumplimiento del deber, la fortaleza es condición indispensable de toda
virtud.
Para cumplir
el deber, hace falta saber primero cuál es el deber. Para estar dispuesto a
sufrir por y para alcanzar el bien, hay que saber cual es el bien. II-II, 125,
2: por causa del bien se expone el fuerte a morir.
S. Ambrosio
dice que la fortaleza es una virtud que no debe fiarse de sí misma. El fuerte
no busca ser herido, el sufrimiento, sino el bien. Lo importante es hacer el
bien; no el sufrir.
Por tanto, las
exposiciones innecesarias al mal son, entre otras cosas, muy antipedagógicas.
Pues lo que importa es buscar el bien, no las dificultades. La esencia de la
fortaleza es el bien. Uno no es más virtuoso porque sufra más, sino por la
firmeza de su adhesión al bien.
La virtud de
la fortaleza es subordinada. No es autosuficiente: ni es independiente, ni
descansa en sí misma. Se remite a una virtud anterior, en relación al bien.
Antes que ella, están la prudencia y la justicia, y sin ellas no habrá
verdadera virtud de la fortaleza. No hay valentía si previamente no hay
prudencia. Sin el bien, no hay nada a lo que adherirse.
2. La razón
más profunda de la necesidad de la fortaleza es la esencial vulnerabilidad del
hombre, lo cual implica tanto aspirar a un fin dificil
interponiéndose un enemigo.
Quien no es
vulnerable no necesita ser fuerte: el ángel, un bienaventurado, no tienen
necesidad de esta virtud. Ser fuerte = poder ser herido. Herida = toda agresión
contraria a la voluntad que pueda sufrir la integridad natural; todo cuanto es
negativo, cuanto acarrea daño, dolor, opresión, inquietud.
La mayor
herida del viador es la muerte. Toda herida es, en el fondo, una figura e
imagen de la muerte. Por tanto, son temidas.
La fortaleza
se refiere, en œltima instancia, a la muerte: Ser
fuerte es estar dispuesto a morir, a caer en el combate, por el bien. De ahí
que una fortaleza que no conlleve la disposición de pelear hasta morir -de
antes morir que pecar- no es verdadera fortaleza, está viciada de raiz.
La raiz esencial de la fortaleza es la disposición al
martirio, en cuanto disposición, y no el martirio mismo (# la alegre disposición
o provocación del martirio, v. gr. San Eulogio y el Beato Alvaro,
de Córdoba). la Iglesia no exige el hecho del martirio tal cual, sino la
disposición de morir antes que ser infiel. Hay que recordar que la fortaleza no
se calibra por la herdia, sino por la adhesión al
bien. Se debe huir de la muerte, salvo si supone no adherirse al bien. La
Iglesia no ve bien, en general, la autodelación
martirial, sino que se debe huir de la "persecución".
Si llega el
martirio, el dolor oculta incluso la alegría espiritual por ofrecerse a Dios:
no es que no haya alegría, pero es por la adhesión al bien no perdido.
La virtud, por
tanto, no está en sufrir, sino en adherirse al bien: Recibir la herida es sólo
la mitad de la virtud; la otra mitad es no recibir la herida por propia
voluntad -padecer por padecer- sino por conservar o ganar una integridad mayor
y más esencial. El mártir no menosprecia la vida, pero le asigna menos valor
que aquello por lo que se entrega (= sentido de la mortificación cristiana).
II-II, 123, 8:
el cristiano ama la vida y las cosas de este mundo con todas las fuerzas del
cuerpo y las del alma. Dios al crear, vio que todo era bueno y como bien, el
hombre debe disfrutar de esto.Todas estas cosas son
bienes auténticos, que no desprecia el cristiano. No le hace falta desprender
de éstos, salvo para conseguir bienes más altos cuya consecución es más
esencial para el núcleo personal = conservar bienes más altos cuya pérdida
lesionaría más gravemente el núcleo personal del hombre. Si privan de un bien
superior, no será un bien el hecho de buscarlos, pelearlos y conseguirlos.
Alegría,
placer, éxito, salud, felicidad, dinero, etc, son
bienes auténticos que el cristiano no desprecia, sino que ordena (la belleza de
la Venus Capitolina). Esto no es una oposición antinatural a la vida de los
santos: lo que ocurre es que éstos ven las cosas con ojos de eternidad, que es
como mejor se ordenan a Dios.
4. Actos
Fundamentales de la Fortaleza
1. Hay dos
actitudes fundamentales ante el bien dificil de conseguir
o el mal dificil de evitar:
- temor
(resistir, soportar, sostener): sustienere mala
- y audacia
(atacar, agredir): aggredi pericula
"Sustienere mala" se refiere al miedo o al cansancio
que provoca un daño, un mal, una dificultad, un enemigo, etc.
Pero no es de
la esencia de la fortaleza el no tener miedo, sino actuar a pesar del miedo.
Ser fuerte no es ser impávido o presumido o chulo o bravucón, pues eso
significaría: o no conocer la realidad o que hay un desorden del amor. Amor y
temor se condicionan mutuamente: Cuando nada se ama, nada se teme. Trastocar el
amor es trastocar el temor: no amar al hijo es no temer perderlo. Hay que tener
la justa medida.
El hombre
fuerte es consciente del mal. No es un ingenuo iluso. Lo ve, lo capta, lo
siente pasionalmente. Pero ni ama la muerte ni desprecia la vida. La esencia de
la fortaleza no es no sentirlo, sino no dejar que el miedo fuerce a hacer el
mal o a dejar de hacer el bien. Su esencia no es desconocer el miedo, sino
hacer el bien. Se debe temer lo temido, pero hay que conseguir el bien aœn con miedo, con esfuerzo, con dolor, con resistencia.
II-II, 123, 1:
quien se arriesga a un pleigro aœn
con deseo de bien, no se puede llamar fuerte si: desconoce la magnitud del
peligro
optimismo
iluso "no me pasar‡ nada" (ocasiones de pecado)
confianza
excesiva en propias fuerzas
obrar
incontroladamente por pasión
afrontar lo
difícil como si no lo fuera
Valiente:
incluye la conciencia de sentir miedo razonable cuando las cosas no ofrecen
otra opción que sentirlo. "El que en una situación grave, ante la que el
'miles gloriosus' enmudece y su gesto heroico se
torna paralítico, hace frente a lo espantoso sin consentir que ello le impida
la práctica del bien, y ello no por ambición ni por recelo de ser tachado de
cobarde, sino y sobre todo, por el amor del bien o lo que en última instancia
viene a ser lo mismo, por el amor a Dios: ese y sólo ese es realmente
valeroso" (Pieper).
2. Este hacer
frente al posible daño, se puede hacer de dos modos: resistiendo o/y atacando.
El acto principal de la fortaleza no es atacar sino resistir. II-II, 123, 6: se
da primacía al acto de soportar, subrayando que no es pura resignación pasiva.
No es porque
en sí mismo sea más valeroso resistir que atacar -ya que a veces sucede al
revés-, sino porque en casos extremos, en extrema gravedad, la resistencia es
la única opción que queda, es el último punto de la fortaleza que se puede
usar. No hay otra forma de oponerse a un mal en último lugar sino resistirse.
No es una pasividad, pues es un acto de la voluntad, actividad del alma que es
la fortísima adhesión al bien, la perseverancia en el amor al bien ante los
daños que pueda acarrear el dirigirse a él. El resistir, sólo externamente es
pasivo: internamente existe un "fortissime inhaerere bono", una fuerte perseverancia del amor que
nutre al cuerpo y al alma ante los ultrajes, las heridas y la muerte (=
paciencia).
Esto no es
porque "en s’" la paciencia y la resistencia sean más nobles que la
audacia y la agresividad, sino que tal y como están las cosas, en caso extremo,
no hay otra forma de oponerse que la resistencia, el no claudicar
interiormente.
Pieper:
fortaleza: 238 - 241, comentando Sgda. Escritura:
poner la otra mejilla y reprender al soldado boxeador.
5. Pecados
contra la Fortaleza.
Todo aquello
que constituye un desorden del temor o de la audacia. Teniendo en cuenta que la
fortaleza no elimina el temor, sino que lo ordena conforme a las exigencias de
la razón:
1. Por
defecto: temor, timidez, cobardía. La pasión del miedo, en sí misma, no es mala
mientras no se oponga a las exigencias de la razón (= miedo justo, razonable,
etc.); baste recordar que el temor de Dios es un don sobrenatural.
2. Por exceso:
impavidez, afobia, intimiditas.
Propiamente es la afobia, no tener temor cuando es
razonable tenerlo. Ser’a impropio identificar la
ausencia de temor con la fortaleza: son algo distinto. La fortaleza no adultera
la realidad, sino que la acepta tal cual es: temor racional ante el mal real;
sin la fortaleza, en la vida práctica que no está exenta de los males reales,
puede derivarse o hacia la desesperación originada por el hastío vital, o hacia
la temeridad originada por el optimismo instintivo.
La fortaleza
pondera lo que arriesga y lo que puede ganar. En el fondo, lo que la fortaleza m‡s teme es el pecado. Por tanto, la ausencia de la
fortaleza es la desesperación.
6. Partes
Integrales (disposiciones internas del sujeto que perfeccionan a la fortaleza)
y vicios contrarios.
1. Respecto al
aggredi, atacar, acometer: la actitud emprendedora,
pujante y entusiasta:
-
Magnanimidad: se refiere al agere; es la grandeza del
alma: tendencia victoriosa del alma, que nace de la esperanza y se alimenta de
la audacia
Noción: captar
la realidad personal de tal modo que uno se juzga digno de hacer grandes
empresas. Es el compromiso, que el espíritu voluntariamente se impone a sí
mismo, de tender a lo sublime.
II-II, 129 /
II-II, 162: Rasgos de un esp’ritu magn‡nimo
son: en cierto modo es caprichoso: no deja reclamar su atención por cualquier
cosa, sino sólo por lo grande y noble, que le es connatural. El honor de Dios,
opinión de Dios # opinión de los demás. Por tanto, está muy relacionada con la
ascética, por ejemplo, por saber convertir y encauzar a lo noble las cosas más
pequeñas. Educa una sensibilidad delicada para saber dónde está el honor y el
deshonor, fundamentalmente a los ojos de Dios. No desprecia la honra hasta tal
punto que no se preocupa de hacer aquello que honra merece, porque sería de
vituperar.
Por tanto, no
se imuta por una deshonra injusta. La considera,
sencillamente, indigna de su atención. Acostumbra a mirar con
"desprecio" a los seres de ánimo mezquino: Ps
104: "A los ojos del justo, es nada el hombre malvado". Nunca es
capaz de considerar que haya alguien tan alto que sea merecedor de que, por
miramiento a él, se cometa algo deshonesto. Sincero y honrado, nada le es tan
ajeno como callar la verdad por miedo (sí, por caridad o por prudencia). Evita
como la peste lo que huela a hipocresía, adulación, untuosidad, posturas retorcidas.
No se queja:
su corazón no permite que se le asedie con un mal externo cualquiera: no se
entretiene a apedrear a todos los perros que le ladran: los desprecia y sigue
de largo.
Otro rasgo es
su gran esperanza: una fuerte e inquebrantable esperanza, una confianza casi
provocativa. Calma perfecta de un corazón sin miedo. No se esclaviza ante
nadie, no se doblega ante el destino y el azar: unicamente
es siervo de Dios.
La
magnanimidad de basa en el reconocimiento y justa estima de lo que el hombre es
y puede, desde una perspectiva natural y sobrenatural: la economía de la gracia
y la condición de hijo de Dios. En resumen: el objetivo de la magnanimidad se
cifra, en última instancia, en la manifestación de la gloria de Dios y en la
consecución de la felicidad eterna y, por tanto, también terrena.
Psicológicamente, el motor de la magnanimidad es la esperanza, frente al bien
posible dificil de conseguir. Se puede añadir que el magn‡nimo calibra de mucha más importancia el honor
sobrenatural que el humano.
Elementos
propios que abarca y une la magnanimidad:
- materia
próxima: la pasión de la esperanza (más que la virtud): bien arduo, futuro y
posible.
- la
disposición interna que la informa: la grandeza de espíritu
- la materia
exterior propia: el honor, la única recompensa de la virtud. Es decir, la
irradiación exterior propia de esta virtud sería el honor humano subordinado al
más alto honor: el de Dios y su gloria.
- confianza:
virtud aneja a la magnanimidad: posibilidad de apoyarse en las propias fuerzas
o de otros (confianza humana), pero también, y sobre todo, esperanza en la
palabra de Dios (sobrenatural), está inspirada en la virtud sobrenatural de la
fe.
Vicios opuestos
a la magnanimidad
- Por defecto:
Pusilanimidad: el que voluntariamente se hace incapaz de concebir o desear
cosas grandes. Se plasma en un espíritu raquítico y ramplón.
- Por exceso:
Presunción: confianza desmedida en las propias fuerzas. Es la falsa
autosuficiencia, por un error en la prudencia, pues en una apreciación
subjetiva y equivocada de las verdaderas posibilidades:
Vanagloria:
buscar falso honor, buscar gloria sobre lo vano: buscar el honor en la
frivolidad, en la falsa estima de las gentes
Ambición:
aspirar a m‡s de lo que uno puede o merece.
-
Magnificencia. Tiene la misma estructura subjetiva que la magnanimidad. Se
refiere al facere. Es usar los medios adecuados para
realizar las cosas propias del esp’ritu magn‡nimo, medios propios al servicio de lo noble, con ‡nimo magnificiente..
Vicios
opuestos a la magnificencia
- Por defecto:
Parvificencia: aspirar a mucho pero hacer poco. Relacionada con la falsa
humildad. Lo cutre.
- Por exceso:
Suntuosidad, profusión, etc.
2. Respecto a
sostener el daño, aguantar, soportar.
- Paciencia:
evitará la tristeza y el descorazonamiento ante la multiplicidad de los
peligros. Es ingrediente necesario pero no suficiente de la fortaleza.
No consiste en
el ser víctima, tampoco es no huir del mal, sino la virtud que inclina a
soportar sin tristeza ni abatimiento de corazon los
padecimientos f’sicos y morales que comportaría la
adhesión al bien. Sto. Tomás dice que "paciente no es el que no huye del
mal, sino el que no se deja arrastrar por su presencia a un desordenado estado
de tristeza".
Lc:
"por la paciencia poseereis vuestras almas"
Es la virtud
encargada de custodiar la autoposesión del alma, a
pesar de las tribulaciones. Es un autodominio. Un impaciente no puede ser due–o de sí; no es incompatible con una firme adhesión al
bien, que es lo que cuenta, y no el mal sufrido.
No es
ingrediente que agote la esencia de la fortaleza. El fuerte es también
paciente, pero no necesariamente al revés. El fuerte además de ser paciente
(aguantar el mal), debe también disponerse a, si el caso lo requiere, agredir
(atacar el mal). Por ejemplo, Cristo en el templo: modera la ira atacando
(moderar es ajustar a razón, es disminuir o agrandar). Puede haber momentos en
que la fortaleza sólo sea aguantar, cuando atacar sería imprudente.
-
Perseverancia: posibilita superar el cansancio provocado por un esfuerzo largo
o contínuo.
7. Tres
Modalidades de la Fortaleza - (leer Pieper)
1. Fortaleza
vital (o premoral): más rasgos psíquicos que morales,
en cuanto adquiridos; cada uno tiene una fortaleza vital por carácter o
composición psicológica. Aún así, el dinamismo de la constitución psíquica es
educable.
En parte es la
capacidad que uno tiene de renunciar su ego para hacerle justicia a la
realidad. La falta de valor, de enfrentarme a cosas dif’ciles,
para mí, es falta de fortaleza vital. Muchos suicidios vienen por esto. También
las neurosis, y otras pertubaciones psíquicas.
El común
denominador de todas las neurosis es el egocentrismo. Hay una angustia en que
se quiere preservar al yo de toda inseguridad. Una seguridad encerrada en sí
misma, incapaz de cualquier confianza desde fuera, ni siquiera en la realidad.
El riesgo de desquiciamento del yo es tanto más grave
cuanto mayor es la solicitud con que se busca su protección. Se ha puesto de
relieve en la psiquiatría moderna la veracidad psicológica de la frase de
Cristo: "Quien pierde su vida por Mí, la encontrará; quien guarda su vida,
la perderá".
Por tanto,
entre otras cosas, hay que tener cuidado en no exigir a uno lo que no puede dar
cuando no tiene la necesaria fortaleza vital. Hay que atender necesariamente a
lo que está estropeado humanamente.
2. Fortaleza
moral (lecciones anteriores: como virtud)
3. Fortaleza
sobrenatural: el abandono total en Dios, no sólo cuando uno hace actos de
abandono, sino cuando no hay más remedio. No es quietismo. Incluso se está
dispuesto a perder la vida.
Es un don
gratuito del Espíritu Santo que acompaña a la gracia, en función de su potencia
obediencial que da ‡nimos, y un nuevo ser al
cristiano para desprenderse de su persona y sacrificarse por Dios y por su
causa con confianza total de que su vida será más segura si confía en Dios más
que en sí mismo.
Un hábito sobrenatural
que robustece al alma para practicar, por moción del Espíritu Santo, toda clase
de virtudes en grado heroico, con la invencible confiaza
en superar hasta los mayores peligros y dificultades que puedan surgir.